Chapter 1: Introduction
Escuela donde trabaja Gabriela - Medio día
El bullicioso pasillo de la escuela quedó en silencio cuando sonó la campana, que anunciaba el final de otro día monótono. Gabriela, una experimentada maestra de tercer grado, se apoyó en el marco de la puerta y observó cómo salían sus alumnos. Sus pequeñas manos agarraban mochilas llenas de libros y sueños, dejando su aula tan vacía como su vida fuera de esas cuatro paredes.
Cerró la puerta tras de sí y el clic resonó como un disparo en el repentino silencio. Su reflejo la miró desde la superficie pulida: una mujer de unos treinta y cinco años, con curvas que habían resistido el paso del tiempo mejor que su espíritu.
Su cabello oscuro, antes vibrante, ahora carecía de brillo, reflejando la opacidad de sus ojos azules. Era una obra maestra de contradicciones: fuerte pero frágil, apasionada pero apática, una tigresa reducida a un gatito ronroneante por las circunstancias de la vida. Todo por uno de sus aumnos, al cual desde que lo conocio hace palpitar su corazon con locura y haciendo un esfuerzo titanico trata de evitar masturbarse ahi mosmo mientras e nombre de objeto de su deseo se escapa de sus labios.
-¡Joder! - masculla Gabriela, tratando de sacudir los pensamientos lujuriosos mientras recoge los libros esparcidos por el suelo.
La imagen de su joven estudiante, con su sonrisa angelical y su cuerpo esbelto, su pelo castaño y piel blanca invaden su mente una vez más. Se pregunta qué sentirá al tenerlo dentro de ella, al escuchar sus gemidos de placer mientras se corre en su interior.
- ¡Mierda! - gruñe, sintiendo cómo su coño se humedece ante la idea.
Gabriela se detiene en seco, respirando pesadamente mordiendose el labio inferior mientras musita el nombre de aquel alumno: "Mateo".
- ¿Qué carajos estoy haciendo? - se pregunta a sí misma, tratando de sacudir la imagen de Mateo de su cabeza.
Pero es en vano. Su cuerpo ansía liberación, y solo hay una forma de obtenerla.
Sale a toda prisa del aula, cerrando la puerta tras de sí y dirigiéndose a su auto. Conduce hasta su apartamento, un lugar modesto y desordenado, decorado con diplomas y fotografías de niños, pero que oculta secretos turbulentos.
Una vez en su hábitat, Gabriela se deshace de su ropa, dejando un rastro de prendas desde la entrada hasta su habitación. Su cuerpo fuerte y atractivo luce mejor sin ellas, con sus grandes caderas y pechos generosos, su piel pálida y suave, y su cabello oscuro cayendo en cascada sobre sus hombros.
Se tumba en la cama, su respiración acelerada y su corazón latiendo con fuerza en su pecho.
Se siente como una puta, como la zorra que siempre ha querido ser. Se siente poderosa, excitada y lista para ser follada.
Con una mano, se acaricia los pechos, pellizcándose los pezones endurecidos. Con la otra, se baja a su coño hinchado y caliente, sintiendo su humedad. Se masturba furiosamente, imaginando que es Mateo quien la toca, quien la hace sentir así.
- ¡Joder, Mateo! - jadea, su cuerpo retorciéndose de placer, recuerda lo hermoso que mateo se veia con su short deportivo imaginandolo desnudo.- ¡Dios, Mateo! - grita, su voz resonando en la habitación vacía. - ¿Dónde estás? - pregunta, aunque sabe que él no está allí. No importa, se masturba con más fuerza, imaginando que es él quien la toca, quien la hace sentir así.
Sus dedos se sumergen en su coño, entrando y saliendo a un ritmo frenético, mientras su palma frota su clítoris hinchado. Su cuerpo se arquea, sus caderas se levantan de la cama, buscando más fricción, más placer.
Reuerda cuando le pudo rosar una nalga con sus dedos de manera breve y casual.
El tacto de la piel suave y firme de Mateo ha quedado grabado en su memoria. Gabriela se pregunta cómo sentiría esa piel bajo sus manos de nuevo, pero esta vez sin la barrera de la ropa. Imagina sus dedos explorando cada centímetro de su cuerpo joven y esbelto, su lengua probando su sabor. Su sexo se contrae con anticipación, deseando sentirlo dentro de ella.
La imagen de Mateo la lleva al borde del abismo. Su mano se mueve más rápido, sus dedos se sumergen más profundo en su coño empapado.
hoy mateo en su ingenio se despidio de ella dándole un beso en la mejilla, pero ella se movio haciendo que ese contacto fuera en la comisura de los abios.
Ese roce la hizo estremecer y la dejo con las ganas de mas, de sentir sus labios en los suyos, de probar su saliva. Desde ese momento Gabriela solo piensa en una cosa: follar con Mateo.
La siguiente semana Gabriela está más nerviosa de lo normal. Cada vez que ve a Mateo, su corazón late con fuerza y su respiración se acelera. No puede evitar pensar en lo que siente cuando lo tiene cerca, en lo mucho que desea ser follada por él. Se pregunta si él siente lo mismo, si también se excita con su presencia.
Planea entonces dar ciertas señales a mateo, ver su reacción, después de todo es solo un estudiante, será divertido coquetarle y ver su actitud.
Para ello planea reprobar a Mateo en el último examen y llamarlo para hablar después de clases.
- ¿Mateo, puedes quedarte un momento después de clases? Necesito hablar contigo sobre tu examen.
El joven asiente con una sonrisa nerviosa, sabiendo que algo está pasando, pero sin estar seguro de qué.
Después de que todos los demás estudiantes se han ido, Gabriela cierra la puerta del aula y se gira hacia Mateo.
- ¿Sabes por qué te llamé aquí hoy, Mateo? - pregunta, su voz ronca y seductora.
- No, señorita Gabriela - responde Mateo, tragando saliva, sintiendo cómo su corazón llega tarde con fuerza en su pecho.
- Entonces déjame mostrarte – replica Gabriela, acercándose a él con una sonrisa pícara. Su cuerpo se mueve con una gracia felina, sus caderas balanceándose de manera seductora lo que desconcierta un poco al alumno pues tiene una vista clara del escote de su maestra.
Su olor es embriagador, una mezcla de perfume caro y el aroma natural de su piel.
- ¿Te gustó la vista, Mateo? - pregunta Gabriela, con una sonrisa pícara, sabiendo el efecto que tiene en él.
- Sí, señorita Gabriela - responde Mateo, sin poder evitar sonrojarse.
Ella sonrie y le habla del pesimo examen que Mateo presento mostrandose dominante y segura.
-
Eres un estudiante muy inteligente, Mateo. No entiendo cómo pudiste hacer un examen tan pobre. - dice Gabriela, mirándolo directamente a los ojos.
Mateo se siente incómodo y se pregunta a dónde quiere llegar su maestra. Pero antes de que pueda responder, Gabriela se acerca aún más a él, hasta que sus cuerpos están a solo unos centímetros de distancia.
- Tal vez necesitas un poco de motivación extra para mejorar tus notas - susurra Gabriela, su aliento cálido en el oído de Mateo.-A tus padres no les va agustar ese resultado Mateo.
Mateo se llena de miedo de pensar que sus estrictos padres se enteren de esa pesima calificación.
- No quiero que mis padres se enteren de esto, señorita Gabriela - dice Mateo, tratando de mantener la compostura a pesar de su creciente excitación.
- Entonces tal vez deberías hacer algo para impresionarme, Mateo - réplica Gabriela, su voz seductora y su aliento cálido en el oído del joven.- ¿Estás dispuesto a hacer lo que sea necesario para mejorar tus notas?
Mateo asiente, sintiendo cómo su corazón tarde con fuerza en su pecho.
No está seguro de lo que implica hacer "lo que sea necesario" para impresionar a Gabriela, pero está dispuesto a intentarlo si eso significa mantener a sus padres en la ignorancia sobre su rendimiento académico.
- ¿Estás seguro, Mateo? - pregunta Gabriela, con una sonrisa pícara mientras se aleja un poco de él. - No querría que hicieras algo que no quieres hacer.
- Estoy segura, señorita Gabriela - responde Mateo, tratando de mantener su voz firme a pesar de su creciente excitación.
Gabriela se quita los zapatos y muestra sus pies descalzos ante un muy excitado mateo, ella sabe que él gusta de verlos pies de sus compañeras de clase.
-Se que ves los pies de tus compañeras Mateos.¿Te gustan los mios?
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Sí, señorita Gabriela - responde Mateo, sin poder evitar sonrojarse al admitir su fetichismo.
Gabriela sonríe y se sienta en su escritorio, cruzando las piernas de manera seductora. Mateo puede ver sus bragas negras asomándose debajo de su falda corta.
- ¿Te gustaría tocarlos, Mateo? - pregunta Gabriela, con una sonrisa pícara.
Mateo duda por un momento, pero su excitación supera su timidez y asiente con la cabeza.
- Sí, señorita Gabriela - responde, acercándose a ella con cautela.
-¿Te gustaria que yo fuera tu novia?
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