Chapter 1: Introduction
Fernanda caminó por la esquina del edificio de la escuela. Hizo una pausa y puso una mano contra su corazón acelerado, obligándose a calmarse. El Director de la escuela la citó ya bastante tarde, no se veia ni un alma en el edificio, lo cual le ponia nerviosa., su hija le había entregado la nota de citatorio lo cual la preocupación, pues temia que su hija hubiera cometido una Falta tumba.
Pero la nota solo decía que debía asistir a una reunión extraordinaria con el Director en su oficina. Ella había llegado temprano, pero incluso con anticipación no pudo evitar sentirse nerviosa.
Finalmente, se sacudió el miedo y se dirigió hacia la oficina del Director. El pasillo estaba oscuro y las luces tenues le lanzaron sombras asustadizas, parecían ojos acechándola.
El sudor frío recorrió su espalda mientras sus dedos resbalaban por el picaporte de la puerta. Pero, antes de que pudiera girar la perilla, la puerta se abrió bruscamente hacia el interior y el vapor de la habitación se escapó a través de la abertura.
El Director de pie sonriendole, imponente, elegante, seguro. Fernanda se sintió devorada por sus penetrantes ojos verdes. Él la invita a pasar y tomar asiento.
La oficina del Director estaba oscuramente iluminada por las luces de las farolas afuera, reflejándose en las paredes lisas de la habitación y sobre la superficie brillante de su escritorio.
El olor a madera y cuero combinado con un ligero aroma a especias lo impregnaba todo. Una sensación de sofisticación y cultura flotaba en el aire.
-Buenas tardes señora, lamento tener que llamarle a esta hora pero mi secretaia se equivoco en la fecha para esta reunión. -dijo el Director visiblemente apenado- Espero no haberle causado inconveniente.
-No, no hay molestia alguna. Estoy un poco asustada es todo, no había nadie en el pasillo- le respondió Fernanda quien sintió que sus palabras se trababan ante la autoridad del Director.
-No hay necesidad de tener miedo en este lugar, solo somos usted y yo- dijo el Director con una voz suave, tratando de tranquilizarla.
Sus ojos se clavaron en ella y Fernanda sintió que una ola de calor inundaba su cuerpo. Él tenía una presencia magnética que la atraía hacia él. No podía apartar la mirada de sus penetrantes ojos verdes.
-Bueno, ya estoy aquí- dijo Fernanda, tratando de controlar su voz y su respiración.
Quiso quitársele los ojos de encima, pero su mirada se sintió arrastrada hacia él como si estuviera bajo algún hechizo fuera de su control.
-Gracias por venir- respondió el Director mientras se acercaba a ella. Ella se levantó de su silla, pero él le hizo un gesto para que se sentara nuevamente. Se sentó frente a ella, a una distancia peligrosamente cercana. Sus rodillas casi se tocaban. El acto seguido el Director hace funcionar un metrónomo, cuyo sonido rítmico servirá para su verdadera propuesta.
-¿Gusta una taza de café o té, señora?- preguntó el Director con una sonrisa amable, levantándose de su silla y caminando hacia una pequeña mesa en un rincón de la oficina. Fernanda se quedó boquiabierta, admirando la amplitud de sus hombros y la solidez de sus piernas. El Director estaba en perfecta forma, y su puerta imponente le hacía sentir aún más vulnerable.
-Café, por favor- respondió Fernanda, recordando finalmente el habla.
El Director se acercó y procedió a preparar el café. Sus movimientos eran firmes y decididos, como si cada acción fuera planeada al detalle. Fernanda no pudo evitar sentir una sensación de admiración por su control y confianza. Él se movía por la habitación con una gracia elegante, como un animal salvaje y peligroso. Ella esta tan absorta que no se ercata que en su taza es vertida una droga hipnotica que junto ambiente del ugar la pondran en un profundo y receptivo trance.
El olor del café fresco despertó a Fernanda de su trance.
El Director colocó su taza frente a ella, sonriendo con satisfacción. Su mirada se mantuvo en ella, como si estuviera estudiándola. Ella se sintió desnuda bajo su atenta mirada, como si él pudiera ver sus pensamientos más oscuros y secretos.
-Disfrútelo- dijo el Director, sentándose en su silla y cruzando una pierna sobre la otra. Sus ojos permanecieron fijos en Fernanda, como si estuviera esperando algo.
Ella levantó la taza de café y tomó un sorbo, saboreando el rico aroma y el agradable sabor a especias. Pero algo no estaba bien. Poco a poco, comenzó a sentir una sensación de ligereza en la cabeza, una especie de euforia que la invasión.
El Director sonrió y continuó hablando, pero Fernanda ya no lo escuchaba.
Su mente se sentía borrosa y confusa, como si estuviera envuelta en una niebla espesa. Sus ojos se cerraron lentamente y su cuerpo se relajó en la silla.
El Director se levantó y caminó hacia ella, sus ojos brillaron con anticipación. Se inclinó sobre ella y tomó su mano, acariciándola suavemente.
Fernanda se sintió inexplicablemente tranquila, como si estuviera en un lugar seguro y acogedor. Su respiración se calmó y su corazón dejo de latir tan rápido.
-Eso es, solo relájate y déjate llevar- susurró el Director en su oído, sus palabras cálidas y reconfortantes. ¿Puedes decirme su nombre completo y el de su hija por favor?-preguntó el Director sin dejar de acariciar la mano de Fernanda.
-Claro, soy Fernanda y mi hija se llama Lucía- respondió Fernanda en voz baja, su respuesta aún lenta y sonámbula.
-¿Fernanda? Que hermoso nombre- dijo el Director con una sonrisa, continuando con su tacto suave y reconfortante. -Y Lucía, que nombre para una niña tan inteligente y hermosa. ¿Qué edad tiene usted y su hija?
-preguntó el Director mientras continuaba acariciando la mano de Fernanda.
-Yo tengo treinta y tres años y Lucía acaba de cumplir trece -respondió Fernanda, su voz cada vez más suave y arrulladora.
-Hmm, Fernanda, una mujer hermosa y madura, con una hija inteligente y hermosa. Quitate los zapatos Fernanda, relájate y sientete comoda.
La voz del director era como una caricia, sus palabras eran sutiles y encantadoras. Sin dudarlo, Fernanda se quitó los zapatos y cruzó las piernas en la silla, sintiéndose poco a poco más cómoda y segura.
El director se sentó frente a ella, sus ojos brillando con una intensidad que impresionaba a Fernanda. De pronto el Director toma uno de los pies de ella, lo examina: es pequeño y delicado y comienza a darle masaje, suave y gentil.
-Ahhh, que bien se siente- musita ella, soltando un largo suspiro, cerrando sus ojos y abriendo sus labios ligeramente.
El Director sonríe complacido; sus movimientos son precisos y deliberados. Sabe exactamente dónde ejercer más presión y cuándo aflojar. Sus dedos caminan por su pie, subiendo hacia el tobillo y luego a su pierna.
Ahí donde el Director inyecta con una jerihga para insulina una droga hipnótica un poco más fuerte que la que puso en el café.
La mezcla de los sonidos rítmicos del metrónomo, la voz del Director, y la creciente sensación de relajación y euforia que inunda el cuerpo de Fernanda hacen que rápidamente caiga en un trance profundo y sumiso.
-hablame de ti Fernanda, de tu más grande alegría y de tu más inmensa tristeza- dijo el Director sin perder el control a pasar de tener a una mujer asi enfrente suyo.
Fernanda, que ahora tenía los ojos completamente cerrados, respondió a la solicitud del Director sin dudarlo. Su voz sonaba tranquila y soñadora, como si estuviera hablando en sus sueños.
-Mi mayor alegría es mi hija, Lucía. Ella es la luz de mi vida, la razón por la que me levanto cada mañana. Ella es tan inteligente y hermosa, y siempre me hace reír.
Nada me hace más feliz que pasar el tiempo con ella, ya sea jugando en el parque, ayudándola con la tarea o solo sentada con ella en el sofá mientras vemos nuestras películas favoritas". Fernanda Cerró sus ojos, una lágrima rodó por su mejilla al hablar de su hija.
El Director no pudo evitar emocionarse, no había algo tan grande que el amor de madre y él le encanta retorcer ese amor a su manera.
-Mi más grande tristeza es haber perdido a mi esposo cuando Lucía tenía solo dos años. Él murió en un accidente de coche y mi vida se vino abajo. No sabía cómo iba a cuidar de Lucía sola, y la idea de criarla sin un padre me destrozó el corazón. Pero Lucía fue mi fuerza y mi esperanza, y juntas superamos esa difícil etapa de nuestra vida.
-Fernanda, primero tu hablas de tu hija como si estuvieras enamorada de ella. Segundo, necesitas con una urgencia un hombre en tu vida- dijo el Director con autoridad sin dejar de masajear el deicado pie de Fernanda.
-Un hombre que te respeta y ame, que te haga sentir deseado y querida, un hombre como yo.
Fernanda abrió los ojos lentamente, sorprendida por la declaración del Director. Su cabeza se sentía aún nublada y confusa, pero sentía una atracción inexplicable hacia él. Él tenía una presencia magnética y confiada, y ella sentía como si estuviera bajo su hechizo. El Director se acerca a Fernanda, los ojos verde oscuros del hombre atrapan la atención de Fernanda para seguir con el siguiente nivel de la hipnosis.
Su voz hipnotizante habla con suavidad pero directamente.
-Fernanda, yo quiero ser ese hombre en tu vida ¿Estás lista para que yo te muestre todo lo que eres capaz de sentir?- el Director se acerca mucho más a ella, su aliento cálido acaricia su rostro.
La mujer más humilde y vulnerable que alguna vez conoció al director se sintió tan dirigida por él.
Ella se inclinaba con la cabeza, incapaz de hablar, incapaz de resistirse a sus palabras o su mirada penetrante que la hacía sentirse deseada y amada. El aura sensual y poderosa del director era abrumadora y ella se dejó llevar por el momento, seducida por su encanto y su confianza.
-Fernanda, tu amas a tu hija, la deseas y nahelas sexualmente- afirma el Director aprovechando ese momento de debilidad de la mujer-Lo que me describe de tu hija no es amor de madre, sino la de una enamorada.
Tu confundiste el término compañera de juegos por amante. Amas su compañía tanto como la de un hombre, no me extrañaría que a veces le haya visto como un amante. ¿Cierto, Fernanda?-Sigue hablando el Director mientras su mano se mueve hacia el muslo de la mujer.
Fernanda, confusa y entregada a ese mundo de placer, no sabe qué responder.
-Responde Fernnada, la mujer siempre debe responder cuando su hombre pregunta.
Todo lo que tienes que hacer es relajarte y dejarme guiarte- continuó el Director, acariciando suavemente la pierna de Fernanda.
La piel de la mujer se erizó bajo su tacto, y una ola de calor se extendió desde su vientre hasta su pecho. Sus pensamientos estaban confusos, y sus emociones se volvieron intensas y abrumadoras.
- Amas a tu hija, pero no con amor de madre, sino con el amor carnal de una amante-continuo aquel hombre acorralando a la mujer es ese estado suceptible- ¿Te masturbas pensando el ella?
¿Le has imaginado desnuda, en tu cama, entre tus brazos?- El director deja esas preguntas en el aire, mirando a Fernanda a los ojos, esperando una respuesta pero ella no puede decir ni una palabra, sus pensamientos están confundidos y sus sentimientos descontrolados.
- Fernanda, acéptalo, siempre has deseado a tu hija, has encontrado en ella un ser femenino a quien admirar, desear y querer.
Tu deseo ha estado allí desde el principio, y solo ahora te atreves a reconocerlo - el Director hablaba con una voz calmada y reconfortante, como si leyera los pensamientos más íntimos de Fernanda. Su tono seductor la invitaba a abandonarse por completo a la situación, a sumergirse en el mar de placeres que le ofrecía.
Fernanda sintió cómo un torbellino de emociones la invasión. Su amor de madre está siendo retorcido, hasta tal punto de quebrarse, de pronto aparece la imagen de su hija, pero ya no con inocencia y pureza, ahora la empieza a ver hermosa, provocativa, sexual.
-Estás confundida, ¿verdad, Fernanda?- El Director la miró con ojos verdes intensos, sabiendo perfectamente que sus palabras la estaban llevando a través de un camino de deseos prohibidos.- Pero ahora ves la verdad, todo momento de madre e hija en realidad son momentos de un amor carnal, tu deseo de que ella te corresponde y te masturbas con ella en mente.
Deseo que ella nunca sabía que existía, una atracción que la llena de confusión y miedo, pero, inevitablemente, atrae su cuerpo.
Una vez que el director la lleva a tocar ese tema, Fernanda no puede evitar sentir el deseo de que se avecina dentro de ella.
Sus piernas temblaban, sus labios se hinchaban, y sus pezones se tensaban contra la tela de su blusa. Un deseo que antes no sabía que existía, cobra vida dentro de ella. La invade, se apodera de ella, y le da un placer indescriptible.
-Fernanda- el Director le da un sutil beso en la comisura de los labios- Hablame de tu hija pero ahora sin engaños, sincero, soy tu hmbre y no me debes engañar.
-Ella... ella es hermosa, como ninguna otra mujer- Fernanda susurra mientras comienza a sentir un calor en su cuerpo que la sorprende.
-Ahh- el Director resopla antes de continuar con la hipnosis- Sabia que había algo más detrás de tus ojos, de tus palabras.
Hablame más de ella. Imagínatela desnuda, acostada a tu lado en la cama- Fernanda no puede evitarlo, sigue sus instrucciones y comienza a imaginar. Su mente se inunda con la imagen de Lucía, desnuda, su piel morena y hermosa iluminada por la luz de la luna, su cuerpo joven y delgado acostado junto a ella en la cama, ahora entienede que todo este tiempo ha deseado a Lucia engañandose con el poder y la moral.
-Su piel es suave y dorada, como la seda- dice Fernanda con una voz suave, casi en un susurro, mientras sus ojos se cierran y su cuerpo se relaja aún más en la silla. El Director sonríe, satisfecho con el progreso que ha logrado con Fernanda.
-Cuando se bañan juntas aprovechas para tocarla íntimamente a tu hija ¿Verdad Fernanda?- Dijo el Director empujando más y más a la mujer a donde queria.
Fernanda no podía creer lo que estaba diciendo, pero se sentía extrañamente excitada. Sus pensamientos estaban llenos de imágenes de su hija, desnuda y hermosa, pero algo en ella se resistía a aceptar esos pensamientos.
- No, no puedo pensar en ella de esa manera- musitó Fernanda, con un hilo de voz.
-¿Estás segura Fernanda?- continúa el Director mientras inyecta la tercera dosis de la droga hipnótica, esta vez más potente.
El sonido rítmico del metrónomo y la voz del Director impregnan aún más a Fernanda en un trance sumiso. Sus ojos se cierran y ella se deja llevar por el torbellino de sensaciones. Su mente se inunda con imágenes de su hija, pero ahora no como la niña ingenua e inocente que solía ser, sino como una mujer joven y hermosa.
La imagen de Lucía acostada en la cama junto a ella, sus cuerpos entrelazados, es demasiado poderosa para resistirse. El deseo la abruma y Fernanda se deja llevar, permitiéndose sentir el placer que le ofrece el Director.
"Ella está tan hermosa-susurra Fernanda, mientras sus dedos se mueven sigilosamente hacia su entrepierna, quiere masturbarse ahi mismo con esas imágenes de su hija, la única manera de liberarsu agonía es aceptar aquello.
-Ahh, sí- murmura el Director con satisfacción, sus ojos brillan con placer al ver cómo Fernanda se deja llevar por el deseo prohibido- Te gusta esa idea, ¿verdad?- Él continúa hablándole con esa voz seductora, guiándola a través del camino del placer prohibido y tabú.- Soy tu hombre y se que deseas tanto a tu hija que ya no puedes más.
Es normal, es natural, no hay mal en ello, lo único malo es no reconocerlo y negarlo- insistió el Director mientras seguía presionando en los puntos estratégicos de los pies de Fernanda, sus dedos apretando y soltando, acariciando la piel en movimientos lentos y suaves.
Fernanda se sintió como si estuviera en un túnel, un túnel lleno de pensamientos confusos y deseos contradictorios.
Por un lado, sentía el calor del deseo por su hija, pero por otro lado, no quería admitirlo, no quería aceptar que su amor maternal se había convertido en algo más.
El Director continuó susurrándole palabras sugerentes al oído, llevándola más y más profunda en un trance de placer y sumisión.
Sus dedos seguían trabajando en los pies de Fernanda, acariciándolos y presionando en puntos estratégicos que hacían que su cuerpo entero se sintiera abrumado por una ola de placer.
Sus pensamientos estaban ahora completamente centrados en Lucía, su hija, y el deseo que sentía por ella. Ya no podía negarlo, ya no podía fingir que no era cierto.
Fernanda finalmente había admitido su deseo prohibido y tabú por su propia hija. Sus pensamientos estaban completamente obsesionados con Lucía y el director había logrado desbloquear esa parte de ella que había estado enterrada durante tanto tiempo.
El director, con su carisma y habilidades hipnóticas, había logrado manipular a Fernanda y llevarla a un punto de no retorno.
-Fernanda....di la verdad sobre tu hija- ordeno firmemente el Director como para dar el clavo final y matar el amor maternal de Fernanda y cambiarlo por un deseo y amor carnal.
Fernanda tragó saliva y sintió un temblor en todo su cuerpo. Sus mejillas estaban encendidas y su corazón latía desbocado. Nunca había sentido algo así por su hija. Pero al mismo tiempo, se sintió cautivada por la voz del Director y sus palabras. Sintió que una ola de placer la invasión y sus pensamientos se volvían cada vez más confusos.
"Sí, el deseo", susurró Fernanda, sintiendo cómo su cuerpo se tensaba y un calor se extendía por todo su cuerpo.
El Director decepcionado satisfecho, el sonido del metrónomo seguía marcando el paso de la hipnosis.
-Bien, Fernanda, ahora que has reconocido tus deseos más profundos, estás lista para dar el siguiente paso- dijo el Director con una sonrisa.
Fernanda estaba confundida y asustada, pero al mismo tiempo, sentía una oleada de excitación y anticipación. Nunca había experimentado algo así, y aunque sentía que estaba haciendo algo mal, no podía evitar sentirse atraído por la propuesta del Director.
Su mente estaba en blanco, solo podía ver la imagen de Lucía, su hija, desnuda y hermosa, acostada a su lado en la cama. No podía creer que hubiera llegado a este punto, pero al mismo tiempo, sentía que era exactamente donde necesitaba estar.
El Director parecía haber desbloqueado un lado de Fernanda que había estado enterrado durante mucho tiempo. Un lado que era prohibido y tabú, pero al mismo tiempo, emocionante y lleno de deseo.
-Ahora puedes masturbarte libremente sin culpa, sin pudor- dijo el Director- adelante Fernanda piensa en tu hija.
Fernanda cerró los ojos y dejó que sus manos viajaran hacia lo más profundo de su ser. Su mente se llenó de imágenes de Lucía, desnuda y hermosa. Cada curva, cada rasgo de su rostro, cada centímetro de su cuerpo. Sonrio. Nunca antes se había sentido tan libre, tan feliz.
El Director la observaba, complacido.
Había logrado su objetivo, había conseguido que Fernanda admitiera sus deseos más íntimos y tabú. Ahora, sólo quedaba encaminarla por el camino de la sumisión y la obediencia. Pero debía hacerlo con cuidado, no quería asustarla ni darle motivos para cambiar de opinión.
Fernanda estaba en su mundo, un mundo de placer y deseo, donde solo existía ella y su hija.
Sus manos se movían sigilosamente sobre su cuerpo, acariciándolo suavemente mientras sus pensamientos estaban completamente obsesionados con Lucía.
Por otro lado, el Director observaba a Fernanda con una sonrisa en el rostro, complacido con el éxito de su hipnosis, ahora solo debía esperar a que Fernanda llegara al brutal orgasmo que fijaría ese amor carla por Lucia como un tatuaje permanente en la conciencia de la mujer.
METROientras Fernanda susurra el nombre de su hija se estremece como si tuviera un ataque epiltico y grita el nombre de su hija, disfrutando de correrse sin control.
Es un orgasmo tan intenso que casi no puedes respirar. Sus piernas tiemblan y su cuerpo se tensa. El director entusiasmado con satisfacción al verla, ella era ahora completamente suya.
El aire en la habitación se sentía espeso y pesado, lleno de una mezcla de deseo y satisfacción. Los ojos del Director estaban pegados a Fernanda, observando como ella lentamente abría los ojos y regresaba a la realidad. Tenía las mejillas sonrojadas y se le cortó la respiración al recuperar el aliento.
-Muybien Fernanda. Ahoa por favor hablame de tu hija con toda honestidad- dijo el Director en una excelente actuación- ¿Que sientes por ella?
¿Solo amor de madre o algo más?
Fernanda sintió como si estuviera en una encrucijada, pero también sabía que el Director tenía razón. Había sentido algo más por Lucía que solo amor de madre. Era una idea que la avergonzaba, pero al mismo tiempo, le atraía terriblemente. Sus pensamientos estaban en guerra, pero finalmente encontró la fuerza para hablar.
"Yo... yo la deseo", dijo Fernanda, la confesión dolorosa pero sincera. "¿En serio?" preguntó el Director, con una mirada de satisfacción en sus ojos. "Sí, es cierto", respondió Fernanda, su voz apenas un susurro. "Bien, entonces estás lista para el siguiente paso", dijo el Director con una sonrisa, antes de comenzar a guiarla en un viaje más profundo en sus deseos prohibidos.
-¿y que soy yo para ti Fernanda?- el Director sabe que la mente y el cuerpo de Fernanda están agotados- Se honesta.
Dime, contéstame con sinceridad, ¿quién soy yo para ti?- pregunta mientras sus ojos se posan en los de ella, atrapándola en su mirada verde oscuro, penetrante y persuasiva. Su voz es calmada e hipnotizante, como un canto suave que atrapa y lleva a la mujer a otro mundo, donde solo existe el deseo y el placer.
Sus palabras tienen un poder sobre Fernanda, un poder que la obliga a abrirse y hablar con franqueza sobre sus deseos más profundos y ocultos.
-¿Quién soy yo para ti, Fernanda?- repite el Director con una sonrisa en los labios, como si ya supiera la respuesta.
Fernanda siente un nudo en la garganta, pero sabe que no puede engañarlo. Él ha despertado en ella un deseo tan poderoso que ya no puede ocultarlo.
- Tú eres el hombre que me ha mostrado un mundo de placer y deseo que nunca imaginas existir. Tú eres el hombre que me ha ayudado a aceptar mis deseos más profundos ya darme permiso para sentirlos sin culpa ni vergüenza.
Fernanda susurra, casi sin aliento, como si estuviera admitiendo un terrible secreto. Sus palabras flotan en el aire, llenando la habitación con una tensión sexual palpable. El Director siente un escalofrío de placer recorrer su espina dorsal al escucharla.
Todo el trabajo de manipulación y control mentales ha válido la pena.
-Te felicito Fernanda- el Director se laventa mientras Fernanda se acomoda y peina lo mejor posible poniendose los zapatos- Ahora ve a casa , no le digas todavia nada a tu hija, mañana la traeras conmigo .
Así tendremos tiempo de planificar la siguiente sesión y nos aseguraremos de que todo salga bien y sin interrupciones.
Fernanda asiente, demasiado abrumada y confundida para hablar. Salió de la oficina del Director y se dirigió hacia la salida de la escuela, donde su hija la estaba esperando. Ella estaba emocionada de ver a su madre y hablarle sobre el día escolar, pero Fernanda estaba distraída y distante, ahora Lucia, su hija era el objeto de sus deseos lujuriosos, abrazándola para sentir su cuepo mientras caminan, no como madre e hija, pues ya no hay dudas en los sentimientos de la mujer para con Lucia, la ama y desea y ya no hay vuelta atras, ahora solo debe hacer lo que su hombre le ha dicho.
Pronto, Fernanda comenzó a preparar la cena en casa mientras Lucia estaba en su habitación haciendo su tarea. Elless aromas de la comida empezaban a llenar la casa, pero Fernanda estaba distraída, sus pensamientos estaban en otra parte, en la oficina del Director y en lo que sucederá al día siguiente.
Lucía entró en la cocina, con una sonrisa en el rostro, se acercó a su madre y la abrazó por la cintura. Fernanda sintió un escalofrío de placer al sentir el cuerpo de su hija pegado al suyo, pero se obligó a mantener la calma ya actuar como si nada hubiera cambiado entre ellas.
-Hija, mañana el Director quiere vernos a las dos- dijo Fernanda a su hija mientras cenaban- Pra una ...beca.
Es una oportunidad maravillosa, ¿no crees?- Fernanda forzó una sonrisa, tratando de ocultar su ansiedad y sus verdaderos sentimientos. Su mente estaba en blanco, solo podía pensar en el Director y en lo que había desbloqueado en ella. Su cuerpo entero se sentía confuso y desorientado, atrapado en un torbellino de deseo y placer.
Fernanda levantó la vista, mirando a su hija Lucía, quien sonreía inocentemente mientras comía su cena. Su cabello moreno y ondulado caía sobre sus hombros, y sus ojos grandes y negros brillaban de felicidad. Fernanda sintió un nudo en el estómago al verla, agarrando las palabras del Director y la forma en que había desbloqueado sus deseos más profundos.
Ahora, ella ya no podía ver a su hija como una simple niña, sino como una mujer joven y hermosa que despertaba en ella sentimientos que jamás había experimentado antes.
La relación entre ambas cambió gradualmente, Fernanda ya no era solo una madre amorosa, sino una mujer enamorada de su propia hija.
- Mamá.- hablo Lucia con su caracteristica alegría-¿Nos bañamos juntas?
- dijo mientras sonreía inocentemente, sin saber que esa simple propuesta había despertado un torbellino de sentimientos en su madre.
El corazón de Fernanda dio un vuelco y un calor intenso se extendió por todo su cuerpo mientras miraba a su hija. Su cabello moreno y ondulado estaba húmedo y pegado a su cara, y sus ojos negros brillaban con una felicidad contagiosa, por es Fernanda esta enamorada de su hija, ahora entendia que su amor siempre había sido carnal, prohibido, disfrazado con esa hipócrita mralidad.
-Claro mi amor- replicó Fernanda, obligándose a hablar con normalidad ya actuar como si nada hubiera cambiado. Pero para ella, todo había cambiado. Su mundo se había derrumbado por completo y había despertado a un deseo que nunca había sentido antes.
Fernanda la guió hacia el baño, tomándola de la mano con una sonrisa cuidadosamente ensayada que no evidenciara sus verdaderos sentimientos interiores.
Lucía, por su parte, no sospechaba nada, tan solo quería compartir un momento agradable con su madre. Sin embargo, Fernanda no podía quitar de su mente las palabras del Director, quien le había abierto los ojos a una realidad que no podía ignorar.
El baño estaba lleno de vapor y el agua caliente corría por el fondo de la bañera, listo para recibir a ambas.
Fernanda dejó que Lucía entrara primero y comenzara a bañarse, mientras ella se sentaba en el borde de la bañera, mirándola con una sonrisa en el rostro.
La piel morena de Lucía estaba resplandeciente y Vertébrase bajo el agua tibia, mientras sus dedos jugaban con el champú, creando espuma en su cabello. Fernanda le comenzo a lavar el cabello a su hija con una ternura y amor diferente, más dedicada, más de enamorada.
Sus dedos recorrían su cuero cabelludo con suavidad, mientras Lucía cerraba los ojos y disfrutaba del masaje. Fernanda se dejaba llevar por el deseo que sentía hacia su hija, pero al mismo tiempo luchaba contra él, sintiéndose culpable y confundida. Ella sabía que no era normal sentirse así, pero aún así no podía resistirse al hechizo que el director había creado en ella.
De pronto Fernanda dio un beso suave, delicado en la comisura de los labios de su hija, era su manera de dejar fuir ese deseo, de manera sutil y que gracias a la inocencia de Lucia no se percato de nada aparentemente.
Lucía, con una expresión confundida, miró a su madre. Pero Fernanda solo emitió una risita nerviosa y continuó acariciando el cabello de su hija. La relación entre ellas había cambiado, y Fernanda no sabía cómo manejarlo. Su mente seguía siendo arrastrada por los deseos carnales y prohibidos que el director había despertado en ella.
Después del baño, Fernanda y Lucía se dirigieron a la habitación de Lucía para acostarse.
Fernanda se quedó mirando a su hija mientras se desvestiía y se ponía su pijama. La inocencia de Lucía era deslumbrante y sin duda Fernanda no podía resistirse al deseo que sentía por ella. Suspensó profundamente y se obligó a desviar la mirada, recordándose a sí misma que Lucía era su hija y que no podía sentir por ella nada más allá del amor maternal. pero casi al mismo tiempo no podia evitar pensar en las piernas, las nalgas, los nacientes senos de Lucia, la hermosa y dulce hija que tanto le excita.
Fernanda se acostó en la cama de su hija, envolviéndola en un fuerte abrazo y sintiendo el cuerpo tierno y frágil de Lucia contra el suyo propio. El miedo a reconocer sus sentimientos propios la consumía, pero el deseo era más fuerte que cualquier otra cosa.
Sutilmente aacaricio por encima de la pijama, com toques tímidos, todos los puntos sensibles del cuerpo de Lucia, como mujer Fernanda sabe donde hacerlo con delicadeza. Lucia tuvo por primera vez su primera corrida, suave y gentil en manos de Fernanda que satisfecha cayo dormida.