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Masaje con final infiel

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Personajes+18: Raquel: a curvaceous woman, con unas tetas gigantescas, adicta al sexo. María: la novia de Manuel, bastante insegura Manuel: el novio de María, cuerpazo y una polla gigantesca Escenas: 1. Raquel y María están en la piscina, aparece Manuel y Raquel se queda asombrada del cuerpazo que tiene y comienza a preguntar a María sobre él 2. Raquel trae un café para Manuel y se lo derrama en su bañador, dando lugar a una escena incómoda, para compensarlo, les ofrece a la pareja darles un masaje. 3. Raquel va a casa de Manuel y María para darles un masaje, lo que termina con Raquel follandose a Manuel

Chapter 1: Introduction

El sol caía sobre nosotros como un amante sensual, sus rayos acariciando nuestra piel mientras descansábamos junto a la piscina. Podía sentir el calor filtrándose por mis poros, encendiendo una quemazón lenta que me hacía vibrar de anticipación. El día estaba destinado al placer, y yo estaba lista para darme el gusto.

Yo era Raquel y vivía para momentos como estos: tardes soleadas y llenas de posibilidades. El agua de la piscina brillaba tentadoramente, prometiendo una escapada refrescante del calor. Me estiré lánguidamente, revolviendome en la tumbona, y dejé que mis dedos recorrieran la suave tela de mi bikini.

Las enormes tetas de Raquel contrastaban con el cuerpo delgado de María, quien se había tapado con una toalla, su inseguridad evidente en la forma en que se apretaba el tejido contra su pecho.

"¿Qué te pasa, María?" Pregunté, mi voz suave y curiosa. "Estás más tensa que una guitarra desafinada. ¿Qué es lo que te tiene así?"

María giró hacia mí, sus ojos negros fijos en los míos. "Solo es Manuel.

Ya sabes, mi novio." María miró al horizonte, sus labios apretados en una línea fina. "Parece que viene hacia nosotras."

"¡Santo cielo, María! ¿Por qué no me dijiste que tenías un bombón como ese? ¡Qué suerte la tuya!" Raquel suspir, sus ojos se clavaron en la figura que se acercaba. Manuel era un hombre bien construido, con músculos definidos y una presencia que llenaba el espacio a su alrededor. Rápidamente, Raquel se ajustó su traje de baño, asegurándose de que sus pechos estaban lo suficientemente expuestos para captar su atención.

-Raquel, por favor.

No necesito tus comentarios sobre mi vida amorosa.- susurró María, su rostro teñido de una mezcla de irritación y vergüenza.

-María, rápido, ¿estoy sexy? - Raquel interrumpió, su voz cargada de una mezcla de urgencia y confianza. Se levantó de la tumbona y se acercó al espejo de la pared, ajustándose el traje de baño para asegurarse de que sus grandes senos estuvieran perfectamente enmarcados.

-Raquel, de verdad, no necesitas mi aprobación para nada. - María rodó los ojos, tratando de concentrarse en cualquier otra cosa que no fueran las contorsiones de Raquel.

Lo último que necesitaba era que Manuel viera a su amiga más aventurera que ella misma. "Raquel, por favor, no necesitas sobreactuar."

Raquel se detuvo frente al espejo, sus grandes pechos casi saliéndose del traje de baño. "María, cariño, delante de un hombre como Manuel, tengo que estar sexy. ¿No ves cómo se estira su camiseta? ¡Ese es el tipo de hombre que hace que una mujer se sienta viva!"

Con un movimiento rápido, Raquel ajustó su traje de baño nuevamente, asegurándose de que sus pechos estuvieran perfectamente expuestos. "Y mira sus músculos, ¿no?

Está buenísimo," Raquel susurró, sus ojos devorando cada contorno de Manuel. "Parece que ha sido tallado por los dioses."

Sus palabras resonaron en el aire, tan evidentes como su deseo. María se mordió el labio, tratando de mantener la compostura a pesar de la situación incómoda. Manuel se acercó a nosotras, su sonrisa cómoda y segura.

"Hola, chicas," saludó, su voz profunda y cálida. "¿Cómo les va?"

"Hola, Manuel," respondí María, sus mejillas enrojeciendo ligeramente.

"Estamos bien, gracias."

Raquel, por otro lado, no perdió el tiempo. Se levantó de la tumbona y caminó hacia Manuel con una seguridad que solo ella podía poseer. "Hola, papi," susurró, su voz cargada de una mezcla de picardía y deseo. Se acercó a él, dejando que sus dedos recorrieran su pecho mientras hablaba. "¿Cómo estás? Te ves increíble."

Manuel sonrió, claramente disfrutando de la atención. "Gracias, Raquel. Estoy bien. ¿Qué tal tú?"

Raquel se inclinó hacia él, asegurándose de que sus pechos estuvieran a la altura de sus ojos.

Manuel la miró directamente, su mirada bajando lentamente hasta posarse en su generoso escote. Sus ojos se quedaron allí durante un momento, apreciando la vista antes de subir nuevamente a sus ojos.

"Estoy genial," respondió Raquel, su voz adquiriendo un tono más under. "Solo un poco aburrida de todo este sol."

María observó la interacción, su incomodidad creciendo a medida que Raquel se acercaba más a su novio. "Manuel, ¿te gustaría sentarte?" preguntó, tratando de recuperar el control de la situación.

Manuel asintió y se sentó en la tumbona al lado de Raquel, quien no perdió la oportunidad de acercarse aún más.

"Bueno, Manuel, ¿cómo estás tú?", preguntó, su tono ligeramente coqueto. "Espero que no estés aburrido de tanta luz solar."

María observó la escena con una mezcla de irritación y preocupación. Sabía que Raquel no podía resistir la tentación de coquetear con cualquier hombre atractivo, pero temía que esta vez fuera a cruzar una línea. "¿Qué te parece si nos damos un chapuzón, Manuel?", sugirió María, tratando de desviar la atención.

Manuel se giró hacia María, su sonrisa honesta y genuina. "Claro, suena bien.

Me meto en el agua, ¿vale?", respondió Manuel con una sonrisa, antes de levantarse y caminar hacia el borde de la piscina. Raquel lo siguió con la mirada, su deseo evidente en cada movimiento.

Raquel se inclinó hacia María, su voz suave pero persistente.

"María, cariño, veamos qué puedo hacer para levantar tu ánimo," dijo Raquel, antes de ser interrumpida por un ruido en la piscina. Manuel, con un suspiro de alivio, se quitó la camiseta, dejando a la vista su cuerpo musculoso y bronceado.

Los músculos de Manuel se definían claramente bajo su piel dorada por el sol, y Raquel no pudo evitar emitir un suspiro de admiración. "Madre mía, Manuel. ¿Cómo es que no te pones más fácilmente en topless?" preguntó Raquel, su voz cargada de una mezcla de deseo y sorpresa.

"Jajá, gracias," respondió Manuel, su sonrisa mostrando un encanto natural. "Voy mucho al gimnasio."

La respuesta de Manuel no sorprendió a Raquel, quien ya había notado su físico bien trabajado. "Sí, se nota," asintió Raquel, su mirada recorriendo cada músculo de su cuerpo. "Realmente se nota." Manuel, con una sonrisa segura, se lanzó al agua. El impacto del agua contra su piel provocó un estremecimiento que se extendió por todo su cuerpo. Se sumergió por unos momentos, disfrutando de la sensación refrescante antes de emerger a la superficie, el agua resbalando por su pecho y brazos musculosos.

"¡Qué alivio!" exclamó, sacudiéndose el agua de la cara y esparciendo gotas a su alrededor. Raquel y María se acercaron al borde de la piscina, sus ojos fijos en él. Raquel no podía evitar notar cada contorno de su cuerpo bajo el agua, su deseo creciendo con cada movimiento.

"María, cariño, espero que no lo tenga todo tan grande," susurró Raquel, sus ojos no pudiendo despegarse del cuerpo musculoso de Manuel.

María se estremeció, la insinuación de Raquel dejando un silencio incómodo entre ellas. "Raquel, por favor," susurró María, su voz cargada de una mezcla de irritación y preocupación. "No digas cosas así."

Raquel se rió, su risa suave y provocadora. "Lo siento, María, pero no puedo evitarlo. Es solo que Manuel es tan... apetitoso."

María sintió una oleada de celos recorrer su cuerpo, pero trató de mantener la compostura.

"No seas tan grosera, Raquel. Lo siento, pero no puedo seguir esta conversación."

Raquel, sin perder su sonrisa provocadora, miró a Manuel sumergirse nuevamente en el agua. "Lo siento, María, pero es verdad. Lo siento si eso te incomoda, pero no puedo evitarlo.

María se levantó de su tumbona, sintiendo la necesidad de alejarse de la escena. "Voy a cambiarme. No esperes por mí." María se levantó abruptamente, su toalla apretada alrededor de su cuerpo. La incomodidad que sentía era palpable, y Raquel no pudo evitar notarlo. "María, me vas a dejar sola con tu novio?" preguntó Raquel ,su voz llena de luguria . "Por favor, no hagas nada raro." María se detuvo en su camino hacia la puerta del vestuario, su expresión de preocupación evidente. "Raquel, lo siento, pero no quiero que hables así delante de Manuel. Si quieres, puedes acompañarme."

Raquel levantó una ceja, su sonrisa picara no disminuyendo en lo más mínimo. "¿A dónde vas? Pensé que te quedarías aquí y disfrutarías del sol." María suspiró, claramente incómoda con la situación. "Solo necesito un momento a solas. No hagas nada raro, Raquel.

¿Entendido?", añadió María, su voz cargada de una mezcla de preocupación y urgencia.

Raquel levantó una ceja, su sonrisa traviesa no disminuyendo en lo más mínimo. "Tranquila, María. Solo quiero un poco de sol. No haré nada que te disguste."

María asintió, pero la preocupación en sus ojos era evidente. "Está bien. No tardaré mucho." Dio la vuelta y se alejó rápidamente hacia el vestuario, dejando a Raquel sola junto a la piscina.

Raquel se quedó mirando la puerta que María había atravesado, una sonrisa pícara surgiendo en sus labios.

"Bueno, ahora que estamos a solas..." Raquel suspiró, girando hacia Manuel, quien flotaba en el agua, mirándola con una mezcla de curiosidad y expectativa. Se acercó al borde de la piscina, sus grandes pechos aún más destacados contra el sol de la tarde. Manuel no pudo evitar notar su figura, su mirada descendiendo lentamente por su cuerpo.

"¿Qué te parece si te acercas un poco más?" Raquel le pidió, su voz seductora y llena de promesas.

"¿Te importa si te toco los abdominales, Manuel?"

Manuel, flotando en la piscina, no pudo evitar una sonrisa al oír su petición. "Claro, ¿por qué no?" respondió, mirando sus labios de manera casi hipnotizada. Raquel se acercó al borde de la piscina, sus labios curvas en una pura provocación. Su mano se deslizó lentamente hacia el agua, tocando la superficie con sus dedos. Manuel se acercó un poco más, permitiendo que sus dedos recorrieran sus abdominales bien definidos. Un suspiro de placer escapó de sus labios mientras sentía sus dedos explorar cada muscleso.

"Madre mía, estás buenísimo," susurró Raquel, su voz cargada de deseo y admiración. Manuel se estremeció ante su toque y sus palabras, su cuerpo respondiendo inmediatamente a su contacto.

"Gracias," respondió Manuel, su voz profunda y ronca. "Es un placer para mí."

Raquel se mordió el labio inferior, su mirada fijada en el cuerpo de Manuel. "¿Sabes?", continuó, su voz llena de una mezcla de curiosidad y deseo, "he tenido un día aburrido. Estoy deseando algo...

cualquier cosa." Raquel suspiró, sus ojos brillando con una mezcla de deseo y curiosidad.

Manuel la miró, su sonrisa apagándose un poco. "¿A qué te refieres?" preguntó, su voz cargada de una mezcla de intriga y expectativa.

Se colocó sus enormes tetas aún más hacia adelante mientras hablaba con Manuel, asegurándose de que su atención estuviera completamente en ella. "Quieres que nos hagamos preguntas? Y tenemos que responder con sinceridad."

Manuel la miró con una mezcla de sorpresa y curiosidad. "¿A qué te refieres, Raquel?" preguntó, su voz profunda y cargada de interés. "¿Qué tipo de preguntas tienes en mente?"

Raquel se rió suavemente, su risa llena de una sensualidad que no podía esconder. "Preguntas sobre nosotros, sobre lo que nos gusta, lo que nos excita.

Por ejemplo, yo no me follo a tíos que no tengan al menos 35 cm de polla," Raquel declaró con una sonrisa pícara, sus ojos brillando con una mezcla de deseo y desafío. Manuel se sorprendió por la franqueza de sus palabras.

"¿35 centímetros? Eso es una medida bastante específica." "Bueno, Manuel, tienes que ser honesto contigo mismo. ¿Tú entrarías en ese grupo?"

"Lo siento, Raquel, pero no estoy acostumbrado a hablar de esas cosas con alguien que no conozco bien." Manuel se inclinó hacia adelante, flotando en el agua para mantenerse cerca de ella. "Pero si quieres saberlo, sí, creo que entraría en ese grupo."

Raquel se estremeció levemente al oír su respuesta, una combinación de excitación y sorpresa recorriendo su cuerpo.

"Lo siento, Manuel, pero tengo que saberlo. ¿Pasarías los 35 cm?" preguntó, su voz llena de una mezcla de curiosidad y deseo.

Manuel la miró fijamente, su sorpresa evidente en su rostro. "Raquel, realmente no estoy acostumbrado a este tipo de conversaciones," dijo, su voz profunda y cargada de una mezcla de intriga y desafío.

"¿Cuántos centímetros exactamente?" preguntó Raquel, su voz llena de una mezcla de curiosidad y expectativa. "Creo que sí... unos 40 cm aproximadamente," respondió, su mirada fijada en los ojos de Raquel.

El aire entre ellos se cargó de una tensión electrizante. Raquel no pudo evitar sentir una oleada de deseo recorriendo su cuerpo al oír la respuesta de Manuel. "Dios mío, Manuel. Eso suena...

como una invitación a la diversión." Raquel se mordió el labio, sus ojos brillando con una mezcla de deseo y curiosidad. "

Dios mío, Manuel. Eso suena... como una invitación a la diversión."

Manuel, sin embargo, la miró fijamente, su expresión cambiando de deseo a una mezcla de tristeza y seriedad. "Lo siento, corazón, pero mi polla es solo de María."

Las palabras de Manuel golpearon a Raquel como un balde de agua fría, su excitación desvaneciéndose en un instante. Sus ojos se abrieron de par en par, sorprendida y herida por el rechazo. "¿Qué? ¿Pero por qué?" preguntó, su voz llena de confusión y desilusión.

"Pero ¿por qué? ¿Qué tiene de especial María?"

Raquel sintió una punzada de celos y frustración al oír la respuesta de Manuel. "Esa es una pregunta que podrías responder, ¿verdad, Manuel? ¿Qué es lo que tiene María que no tengo?" Raquel se inclinó hacia adelante, sus ojos brillando con una mezcla de desafío y curiosidad. Manuel la miró fijamente, su expresión cambiando de tristeza a una mezcla de compasión y sinceridad. "No tienes que compararte con nadie, Raquel. Cada persona es única."

Raquel suspiró, su frustración evidente en cada movimiento.

"Manuel, tengo más tetas y mejor cuerpo que María. ¿Cómo es que no te das cuenta de eso?"

Manuel la miró con una mezcla de tristeza y comprensión. "Raquel, no se trata solo de eso. María y yo tenemos una conexión especial, algo que va más allá del físico."

"Raquel, tus tetas son impresionantes y tu cuerpo es increíble, pero eso no es lo único que importa en una relación. María me comprende a un nivel que va más allá de lo superficial.

Raquel se inclinó hacia adelante, sus grandes pechos aún más destacados contra el sol de la tarde. Una risa despectiva escapó de sus labios. "Pero a que no te da placer en la cama." Sus ojos brillaban con una mezcla de desafío y curiosidad. "¿Qué tiene María en la cama que yo no pueda ofrecerte?"

Manuel sintió una mezcla de sorpresa y molestia al oír las palabras de Raquel. "Raquel, eso es bastante inapropiado," respondió, su voz cargada de una mezcla de seriedad y tristeza.

Raquel, sin embargo, no se desanimó. "Vale, vale, no necesito saber todos los detalles. Solo estaba curiosa. ¿Sabes qué? Voy a por un café. Quieres algo, papi?" Raquel rió, su risa suave y provocadora, a pesar de la seriedad del momento.

Manuel la miró, una mezcla de sorpresa y confusión en su rostro. "No, gracias, Raquel. No necesito nada." Su negativa fue clara y directa, dejando en claro que no estaba interesado en seguir con la conversación.

Raquel se rió nuevamente, su risa llena de una mezcla de descaro y desafío. "Está bien, pues.

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