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Masaje con final infiel

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Personajes+18: Raquel: a curvaceous woman, con unas tetas gigantescas, adicta al sexo. María: la novia de Manuel, bastante insegura Manuel: el novio de María, cuerpazo y una polla gigantesca Escenas: 1. Raquel y María están en la piscina, aparece Manuel y Raquel se queda asombrada del cuerpazo que tiene y comienza a preguntar a María sobre él 2. Raquel trae un café para Manuel y se lo derrama en su bañador, dando lugar a una escena incómoda, para compensarlo, les ofrece a la pareja darles un masaje. 3. Raquel va a casa de Manuel y María para darles un masaje, lo que termina con Raquel follandose a Manuel

Chapter 3: Rising Action

Raquel llamó a la puerta de Manuel y María, con unos mini shorts que dejaban su culo casi desnudo y un top deportivo que tapaba lo que podía. Su confianza era palpable, y cada movimiento estaba cargado de una sensualidad que era difícil de ignorar. La puerta se abrió lentamente, y María apareció con una expresión de sorpresa y una pizca de preocupación en sus ojos.

"Raquel, ¿qué estás haciendo aquí?" preguntó María, su voz cargada de una mezcla de curiosidad y tensión.

"Hola, cariño.

¿Recuerdas el masaje?" preguntó Raquel, su voz llena de una mezcla de desafío y provocación. "Estoy aquí para cumplir mi promesa."

Manuel y María intercambiaron una mirada, la tensión del día anterior todavía presente en el aire. María, con una sonrisa forzada, respondió: "Sí, Raquel, lo recordamos. Pero realmente no es necesario."

Raquel, sin perder su sonrisa, se adentró en la habitación, llevando consigo un estuche de aceites y una toalla. "No te preocupes, María. Solo quiero que ambos disfruten un poco.

Sin más preámbulos, Raquel lanzó una mirada significativa a Manuel y María, indicándoles que obedecieran su orden.

María abrió y cerró la boca, como un pez fuera del agua, mientras miraba a Raquel con una expresión de incredulidad y confusión. Manuel, por otro lado, parecía algo incómodo, pero finalmente asintió con la cabeza.

Con un suspiró, se levantó de la tumbona y comenzó a desabrocharse la blusa, revelando un sujetador de encaje que apenas cubría sus pechos.

María, sin embargo, parecía aún más insegura y tensa que Manuel.

Raquel, sin perder su sonrisa pícara, le dio una toalla mucho más pequeña a Manuel. "Aquí tienes, papi. Puedes cubrirte con esto," dijo, su voz llena de una mezcla de desafío y provocación. Manuel miró la toalla con una mezcla de sorpresa y confusión, pero no dijo nada. Simplemente la tomó y se la envolvió alrededor de la cintura, dejando gran parte de su torso desnudo. Raquel se rió suavemente, su risa llena de un desafío travieso. "No te preocupes, Manuel. Estarás bien así." Raquel se acercó a María, su voz cargada de una mezcla de desafío y provocación. "María, voy a comenzar contigo." Manuel observaba la escena con una mezcla de sorpresa y preocupación, mientras Raquel se inclinaba hacia María, sus grandes pechos aún más visibles con el movimiento.

María, con una expresión de incomodidad y sorpresa, retrocedió ligeramente. "Raquel, no sé si eso sea una buena idea. Manuel y yo estamos bien así," dijo, su voz temblando levemente.

Raquel, sin perder su sonrisa pícara, respondió: "Tranquila, cariño. Solo quiero ayudarte a relajarte.

Raquel le colocó un antifaz a María y le susurró al oído, "Relájate." La voz de Raquel era cálida y suave, pero su mensaje era claro. María se estremeció al sentir el antifaz en su rostro, sintiéndose aún más vulnerable y expuesta. "Raquel, no estoy segura de que esto sea una buena idea," dijo María, su voz temblando con nerviosismo. Raquel, ignorando la resistencia de María, comenzó a masajear sus hombros con movimientos suaves y fluidos. "Solo confía en mí, cariño. Te prometo que todo estará bien."

Manuel, sintiéndose incómodo pero curioso, observaba la escena desde la distancia.

Raquel comenzó a colocar aceites sobre María, masajeando suavemente sus hombros y espalda. María, inicialmente tensa, comenzó a relajarse lentamente con cada movimiento de Raquel. Sus músculos se aflojaban y su respiración se volvía más profunda y regular. Raquel trabajaba con destreza, sus manos deslizándose sin esfuerzo sobre la piel suave de María.

Pronto, María se quedó dormida, su respiración ahora suave y constante. Raquel sonrió, satisfecha con su trabajo. "Lo siento, Manuel, pero parece que tu novia está agotada," dijo Raquel, su voz llena de una mezcla de orgullo y desafío.

"Pero ahora te toca a ti, papi." Raquel se acercó a Manuel, sus grandes pechos aún más visibles con cada paso.

Manuel sintió una mezcla de curiosidad y aprensión. "Raquel, no estoy seguro de que esto sea una buena idea. María podría despertarse."

Raquel, sin embargo, no parecía dispuesta a dejar que algo arruinara su plan. "Tranquilo, Manuel. María está profundamente dormida. No va a despertarse."

Manuel se mordió el labio inferior, dudando. "Estoy seguro de que esto no es una buena idea, Raquel.

Pero..." Manuel no pudo terminar su oración porque Raquel lo empujó suavemente hacia la camilla de masajes. "Relájate, Manuel. Vamos a hacer esto."

Con un suspiro, Manuel se recostó en la camilla, su cuerpo temblando ligeramente ante la inesperada situación. Raquel se colocó frente a él, sus ojos brillando con una mezcla de desafío y deseo. Manuel se sintió atrapado en su mirada, incapaz de apartar la vista de su figura.

"Raquel, no estoy seguro de esto," dijo Manuel, su voz temblando levemente. "María podría despertarse."

Raquel sonrió, una sonrisa pícara y confiada.

Con un desliz de sus manos, Raquel comenzó a masajear la enorme espalda de Manuel, sus dedos explorando cada músculo con una precisión y un conocimiento que lo dejaron sin aliento. Manuel sintió una oleada de relajación y excitación al mismo tiempo, su cuerpo respondiendo al tacto experto de Raquel. La sensación de sus manos deslizándose sobre su piel desnuda era electrizante, y Manuel se sorprendió al darse cuenta de cuánto había estado esperando esto.

"¿Ves?", susurró Raquel, su voz cargada de una mezcla de desafío y seducción. "No tienes que preocuparte por nada.

No va a despertarse," aseguró Raquel, su voz llena de una mezcla de orgullo y desafío.

"Joder, menuda espalda, papi," susurró Raquel, sus manos deslizándose suavemente sobre los hombros musculosos de Manuel. "Eres un verdadero macho alfa, ¿sabías?"

Manuel, aún incómodo pero cada vez más intrigado, sintió una oleada de calor recorriendo su cuerpo al escuchar las palabras de Raquel.

Con un suspiro, cerró los ojos, intentando concentrarse en la sensación de sus manos trabajando en su espalda. Sin embargo, pronto sintió algo extraño: un calor distinto, una presencia diferente. Raquel, al intentar deslizar sus manos hacia abajo, rozó accidentalmente sus enormes pechos contra la espalda de Manuel. Un jadeo escapó de sus labios, mezcla de sorpresa y excitación. "Oh, lo siento, Manuel. No fue a propósito," dijo Raquel, su voz llena de una mezcla de deseo y disculpa.

Manuel se estremeció al sentir el contacto inesperado, su corazón acelerándose al instante.

Raquel, sin perder su compostura, susurró suavemente, "Es que son grandes y a veces se salen de control, ¿sabes, papi?" Manuel sintió una mezcla de deseo y confusión, su mente luchando por procesar lo que estaba sucediendo.

Raquel, sin perder su sonrisa pícara, le susurró al oído, "Ponte boca arriba, ya he acabado con tu espalda, papi." Manuel, aún incómodo pero cada vez más intrigado, sintió una oleada de calor recorriendo su cuerpo al oír las palabras de Raquel.

Raquel se deslizó hacia abajo, sus manos ahora deslizándose sobre los musculosos brazos de Manuel. "Relájate, papi. Todo está bien." Manuel sintió una oleada de deseo y nerviosismo, su cuerpo reaccionando al tacto experto de Raquel.

"Joder, que brazos más grandes y gordos, papi," susurró Raquel, sus manos deslizándose lentamente por los brazos musculosos de Manuel. "Eres una máquina, ¿sabes?" susurró Raquel, sus manos deslizándose por su pecho y abdomen tensos. Manuel, a pesar de la situación incómoda, no podía evitar sentir una oleada de placer. "Gracias... por el cumplido," respondió Manuel, su voz aún temblando levemente. Raquel se rió suavemente, su risa llena de una mezcla de desafío y seducción. "No es un cumplido, papi. Es un hecho. Tienes un cuerpo perfecto."

Manuel sintió una mezcla de deseo y nerviosismo, su mente luchando por procesar lo que estaba sucediendo.

Sin embargo, no pudo evitar mirar más de cerca los grandes pechos de Raquel, que se bamboleaban suavemente con cada movimiento de sus manos. La vista de sus senos firmes y voluptuosos, apenas contenidos por su top deportivo, desató una oleada de excitación en su cuerpo.

"¿Puedes recostarte del todo, papi?" preguntó Raquel, su voz cargada de una mezcla de desafío y seducción. Manuel, aún temblando de deseo y preocupación, se dejó llevar por la situación. Sabía que lo que estaba sucediendo era incorrecto, pero su cuerpo parecía tener una mente propia.

Raquel se fijó en el enorme bulto bajo la pequeña toalla de Manuel, su mente llenándose de imágenes que no podía ignorar. "Miérdame, papi, parece que tienes algo ahí que no se ve mucho," susurró Raquel, su voz cargada de una mezcla de desafío y seducción.

Manuel, intentando disimular su nerviosismo, jadeó y dijo, "Jaja, no, no es nada. Solo estoy... un poco excitado." "Entonces, ¿por qué intentas ocultarlo?" preguntó Raquel, sus manos deslizándose lentamente hacia la pequeña toalla de Manuel.

Manuel sintió una oleada de calor recorriendo su cuerpo al sentir las manos de Raquel acercándose a su entrepierna. Intentó mantener la calma, pero sabía que no podía ocultar su excitación mucho más tiempo.

Raquel, sin dejar de mirarlo con una mezcla de desafío y deseo, lo observó y dijo: "Te importa si quito la toalla?" Manuel se estremeció al escuchar la sugerencia, pero la verdad era que su cuerpo ansiaba el contacto. "No... no me importa," respondió, su voz temblando levemente. Raquel sonrió, una sonrisa pícara y traviesa, y con un movimiento rápido, arrancó la toalla de Manuel, dejando su cuerpo completamente expuesto ante ella. Manuel sintió una mezcla de vergüenza y excitación al sentirse tan vulnerable, pero la presencia de Raquel lo hacía sentirse poderoso y deseado.

Raquel, al ver el cipote de 40 cm de Manuel salir a la luz, no pudo evitar una sonrisa maliciosa y traviesa. "Joder, papi, no me habías dicho que tenías tanto. Eres un verdadero macho alfa," susurró Raquel, sus ojos brillando con deseo.

Manuel, a pesar de la situación, sintió una oleada de placer al escuchar las palabras de Raquel. "Lo siento, Raquel. No puedo... no deberíamos," dijo, su voz temblando con deseo y preocupación. Raquel, sin embargo, no parecía dispuesta a aceptar sus excusas. "Ya, papi, no te preocupes.

María está dormida como un bebé," susurró Raquel, su voz suave y seductora. Mientras hablaba, comenzó a acariciar la enorme polla de Manuel, sus dedos deslizándose suavemente sobre su dura piel. Manuel sintió una oleada de calor y electricidad al sentir el contacto de Raquel, su corazón acelerándose al instante. "Raquel, no... no deberías hacer esto," dijo, su voz temblando con deseo y preocupación. Raquel sonrió, una sonrisa pícara y traviesa, y continuó acariciándolo con movimientos lentos y deliberados. "¿Por qué no, papi? Sabemos que los dos queremos esto.

Pero... María... lo siento, no puedo," dijo Manuel, su voz temblando con deseo y preocupación. Mientras hablaba, comenzó a agarrar con firmeza la polla de Manuel y a moverla con suavidad. "Joder, papi, te juro que esto va a ser increíble," añadió Raquel, su voz cargada de una mezcla de desafío y deseo.

A medida que comenzó a mover la polla de Manuel con movimientos lentos y deliberados, Manuel no pudo contener un gemido que escapó de sus labios. "Ah, Raquel... no debemos hacer esto," dijo Manuel, su voz temblando con deseo y preocupación. Raquel, sin embargo, no parecía dispuesta a dejar que nada arruinara su plan. Ya ves que María no se despierta," susurró Raquel, su voz suave y seductora.

Sin embargo, ahora, sus manos se deslizaban con una intención clara sobre la enorme polla de Manuel, despertando una oleada de placer en él. "Te está gustando esto, verdad?" preguntó Raquel, una sonrisa traviesa en sus labios.

Manuel sintió una mezcla de vergüenza y excitación al escuchar la pregunta. Su cuerpo respondía sin remedio al tacto experto de Raquel, pero su mente seguía luchando con la culpa. "No deberíamos hacer esto, Raquel," respondió, su voz temblando levemente.

Raquel, sin embargo, no mostró ninguna intención de detenerse.

Con un movimiento de su mano derecha, acercó su palma al rostro de Manuel, obligándolo a mirarla. "Dime que te gusta, papi. Dime lo que sientes." Su voz era una mezcla de desafío y deseo, y sus ojos brillaban con una intensidad que Manuel no podía ignorar.

Díme lo que sientes."

Manuel, con la respiración agitada y el corazón acelerado, sintió una oleada de placer y vergüenza al mismo tiempo. No podía negar que cada toque de Raquel lo hacía sentir cosas que había olvidado que podía sentir. Pero su mente seguía luchando contra la culpa y la incomodidad de la situación. Finalmente, con un gemido ahogado, Manuel dijo: "Joder, Raquel, esto está mal. María está aquí, dormida y no deberíamos hacer esto."

Raquel, con una sonrisa llena de desafío y una mirada provocativa, se acercó más a Manuel.

Aceleró el ritmo de sus movimientos, sujetando firmemente los 40 cm de Manuel con ambas manos. "No puedes negar que te gusta, papi," susurró Raquel, su voz cargada de una mezcla de desafío y deseo.

"Es demasiado obvio."

"Joder... qué placer," dejó escapar Manuel, sin poder contenerlo más. La sensación de las manos de Raquel recorriendo su cuerpo era una combinación de fuego y electricidad. Cada movimiento de sus dedos sobre su piel desnuda lo hacía estremecerse de puro deleite.

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