Chapter 3: Rising Action
Un espejo rectangular colgaba sobre el lavamanos, reflejando las curvas voluptuosas de Anabel mientras se movía hacia la puerta del baño. Al cruzar el umbral, sus tacones altos golpearon el borde de la alfombra, y un pequeño tropiezo hizo que perdiera el equilibrio. Al intentar recuperarlo, sus manos atraparon accidentalmente el cinturón de los pantalones de Marcos, y antes de que pudiera reaccionar, sus pantalones comenzaron a deslizarse hacia abajo.
Anabel quedó paralizada por un momento, la sorpresa y el shock se apoderaron de ella.
Sus ojos se agrandaron mientras veían el monstruoso pene de Marcos, grande y gordo, de 30 centímetros, deslizándose fuera de sus pantalones. El aire en el baño del jet se hizo más denso, cargado con una mezcla de sorpresa y deseo insostenible. Marcos, con los ojos muy abiertos y la cara enrojecida por la vergüenza, intentó rápidamente cubrirse, pero no pudo evitar que Anabel viera su enorme miembro. —¡Lo siento, Anabel! ¡No lo hice a propósito! —dijo, su voz temblando.
Marcos se movió con rapidez, intentando cubrirse, pero Anabel ya había visto lo que no se suponía que debía ver.
Anabel se quedó inmóvil por un momento, la sorpresa y el deseo chocando dentro de ella. Sus ojos no pudieron apartarse de la enorme polla que se deslizaba hacia abajo, expuesta y palpitante ante sus ojos. Era más grande de lo que nunca había visto ni siquiera en sus películas, gruesa y dura, con venas azuladas que recorrían su superficie.
Anabel sintió un calor ardiente subir por su cuerpo, un deseo primitivo y poderoso que la dominaba. Sus labios se separaron en una mueca de sorpresa y lujuria.
—Dios mío, Marcos —susurró, su voz cargada de deseo—. ¿Qué coño es esto?
Marcos intentó cubrirse, pero Anabel rápidamente le quitó las manos, dejando su polla expuesta en toda su gloria.
Sus ojos se agrandaron aún más mientras miraba la monstruosidad que se alzaba ante ella, palpitante y dura. —La sorpresa y la lujuria se mezclaban en su tono, creando una mezcla irresistible. Sus labios se separaron en una mueca de sorpresa y deseo, sus ojos no pudieron apartarse de la enorme polla que se alzaba ante ella.
Marcos, sintiéndose expuesto y vulnerable, intentó retroceder, pero Anabel lo detuvo, tomándolo por la cintura y empujándolo hacia atrás, hacia la pared del baño.
Sus ojos, cargados de deseo y maldad, no se apartaron de la enorme polla que se alzaba ante ella.
—La tienes como un caballo, Marcos —susurró Anabel, su voz un ronroneo bajo y pícaro—. ¿Sabes qué hacer con algo tan grande?
Marcos, con la respiración agitada y el cuerpo temblando, intentó resistirse.
—Anabel, no... no puedo. No quiero —dijo, su voz temblando.
Pero Anabel no lo escuchó. Su mano se alzó y se envolvió alrededor de la polla de Marcos, sintiendo su dureza y su calor a través de los pantalones.
—No, Marcos —dijo Anabel, su voz cargada de determinación—. No me voy a dejar escapar.
Marcos intentó retroceder, pero Anabel lo mantuvo firmemente contra la pared, su mano apretando a su miembro con una fuerza que él no esperaba. —Anabel, por favor, no deberíamos hacer esto —dijo, su voz temblando—. Yo... yo no quiero hacerte daño.
Anabel río, un sonido bajo y oscuro que resonó en el pequeño baño. —¿Daño? Marcos, tú no me harás daño. Tú me darás lo que quiero, y lo que quiero es esa enorme polla dentro de mí.
Anabel, sin dejar que Marcos respondiera, se arrodilló frente a él, sus manos deslizándose rápidamente por sus piernas hasta llegar a la base de su enorme miembro. Sus ojos nunca dejaron de mirarlo, admirando cada detalle de su miembro palpitante.
"Voy a mamártelo, Marcos", susurró Anabel, su voz cargada de deseo y determinación. "Voy a mamártelo todo, hasta el último centímetro."
Marcos se tensó, la respiración agitada y el corazón latiendo con fuerza en su pecho. "Anabel, no... no puedo. No deberíamos hacer esto."
Anabel no lo escuchó.
Sus manos, cargadas con experiencia y confianza, se deslizaron por el eje duro y palpitante de Marcos, sintiendo cada centímetro de su tamaño monstruoso. Marcos jadeó, la cabeza se inclinó hacia atrás y los ojos se cerraron mientras Anabel comenzaba a trabajar. Su boca se abrió ampliamente, los labios rozando la punta de su polla, sintiendo su dureza y su calor.
Anabel se sorprendió al darse cuenta de que el tamaño de Marcos era aún mayor de lo que había imaginado. Sus labios se cerraron alrededor de la cabeza palpitante, tratando de ajustarse a su grosor, pero el tamaño monstruoso la hizo retroceder.
"Joder, Marcos, es enorme. No entra en mi boca casi", susurró Anabel, sus ojos mirando hacia arriba, sorprendidas y desafiantes. Sus labios se estiraron lo más que pudieron, tratando de acomodar la monstruosidad que tenían ante ellos.
Anabel sabía que su boca nunca podría acomodar completamente a Marcos, pero estaba dispuesta a intentarlo. Ella quería sentirlo, saborearlo y dejar que su presencia la dominara.
"Joder, Marcos, es jodidamente enorme", susurró Anabel, sus labios apenas rozando la cabeza de su pene. "No se ajusta en mi maldita boca."
Marcos jadeó, la cabeza echándose hacia atrás mientras Anabel comenzaba a moverse.
No entra en mi maldita boca casi", susurró Anabel, sus ojos mirando hacia arriba, sorprendidos y desafiantes. Sus labios se estiraron lo más que pudieron, tratando de acomodar la monstruosidad que tenían ante ellos.
Sus años de experiencia en la industria del porno salieron a la luz, y Anabel comenzó a mamar el pene de Marcos como una diosa. Sus habilidades fueron sumergidas en un frenesí de deseo y necesidad, cada movimiento estaba cargado de una mezcla de entusiasmo y precisión. Sus manos se deslizaron por los muslos de Marcos, sosteniendo sus caderas mientras se movía con una eficiencia y un control que solo una experta podía mostrar.
Su lengua se enrolló alrededor de la cabeza de su pene, saboreando su sabor salado y su dureza. La saliva comenzó a acumularse en su boca, goteando por los labios y resbalando por la base de su pene, formando un sendero brillante que se deslizaba por su grosor. Marcos jadeó, la cabeza echada hacia atrás, sus ojos cerrados mientras Anabel trabajaba con una determinación implacable.
Cada vez que sus labios se deslizaban hacia abajo, la saliva de Anabel se derramaba por el eje duro de Marcos, haciendo que cada centímetro de su pene estuviera resbaladizo y brillante.
Sus manos, cargadas con experiencia, se deslizaron por su eje, ajustándose a su tamaño monstruoso, mientras ella trabajaba con una eficiencia y un control que solo una experta podía mostrar.
Marcos jadeó, la cabeza echada hacia atrás y los ojos cerrados mientras Anabel lo mamaba con una determinación implacable.
"Estoy a punto de correrme", susurró Marcos, su voz temblando con la intensidad del placer que estaba sintiendo. Anabel no se detuvo, sus movimientos se volvieron más rápidos y frenéticos, sintiendo la presión en su boca y el sabor salado de la precum que empezaba a salir de la punta de su pene.
Marcos intentó anunciarlo, pero Anabel ya estaba en un trance de placer y deseo. "Anabel, déjame, te voy a..." No pudo terminar la frase, ya que un gemido agudo y profundo escapó de sus labios mientras su cuerpo comenzó a temblar.
Marcos eyaculó grandes cantidades de semen, sin cesar mientras Anabel quedó completamente cubierta de blanco.
La primera corriente de semen tocando el techo de su boca, saltando y aterrizando en su cara, nariz y ojos. Anabel, sorprendida, intentó retroceder, pero Marcos la permaneció en su lugar, su mano aferrándose firmemente a la parte trasera de su cabeza. La segunda corriente fue incluso más intensa, cayendo directamente en su boca y deslizándose por la garganta. Anabel se ahogó por un momento, tragando con dificultad, pero Marcos no se detuvo.
Sus manos se enredaron en el pelo de Anabel, tirando de ella con fuerza, manteniendo su cabeza en su lugar. Anabel se vio obligada a tragar cada centímetro de su polla, deslizándose profundamente en su garganta.
"Dios mío, Anabel, jodidamente increíble", jadeó Marcos, su cuerpo tensándose mientras su orgasmo estás alcanzando su clímax.
Anabel, con la boca llena de semen, miró hacia arriba con los ojos llenos de lujuria y desafío mientras tragaba todo lo que podía. Su garganta se movió con fuerza, tragando cada centímetro de su leche, mientras sus manos se aferraban a sus muslos para mantenerse en su lugar.
Marcos, aún respirando agitadamente, sintió que las piernas le temblaban mientras Anabel se levantaba lentamente, su boca y cara cubiertas de semen.
Con los labios llenos de su esencia, Anabel se inclinó hacia adelante y besó a Marcos con una mezcla de dominación y desafío. "Espero que hayas disfrutado", susurró, sus labios dejando una huella brillante en la piel de Marcos. Sin esperar una respuesta, Anabel se aleja, su cuerpo aún vibrando con el deseo y la satisfacción del momento.
Marcos, con los ojos muy abiertos y la cara enrojecida por la vergüenza y el placer, intentó hablar, pero no pudo encontrar las palabras.
Anabel, sin embargo, no tenía tiempo para charlas. Con un gesto rápido y decisivo, se levantó y ajustó su vestido, sin embargo, no pudo ocultar el brillo de semen en sus pechos. Con un suspiro decidido, salió del baño, dejando a Marcos aún jadeando y temblando contra la pared.
Las luces suaves del jet iluminaban el pasillo, y Anabel podía sentir las miradas de los otros pasajeros mientras se dirigía hacia la cabina privada de Manuel. Su corazón latía con una mezcla de vergüenza y excitación, pero su determinación era inquebrantable.
Al salir del pequeño baño y dirigirse por el pasillo, sus ojos no tardaron en encontrar a Manuel, quien se encontraba en su asiento, visiblemente relajado y sumergido en la lectura de un libro electrónico. Sin perder un instante, Anabel se acercó a él con paso decidido, sus tacones altos golpeando el suelo con una autoridad que no dejaba lugar a dudas.
Manuel alzó la vista al sentir su presencia, y por un momento, una sonrisa de sorpresa y anticipación se dibujó en su rostro.
Sin perder tiempo, Anabel se abalanzó hacia él, agarrándolo de la camisa y arrastrándolo hacia ella con una fuerza y determinación que lo tomó por sorpresa. Sin darle tiempo para reaccionar, ella colocó su cabeza contra sus pechos, obligándolo a oler el semen de Marcos que cubría su piel.
"Huele a Marcos en ti, Manuel", susurró Anabel, su voz cargada de una mezcla de desafío y excitación. "Sabes que quiero que lo huelas."
Manuel, ahora visiblemente incómodo y sorprendido, intentó alejarse, pero Anabel lo mantuvo firmemente en su lugar.
"Algún día podrías corrertela tú también en mis tetas, grandullón", susurró Anabel, su voz cargada de una mezcla de desafío y lujuria. "Lo sabes que lo quiero, Manuel. Quiero que te corras en mis tetas, como Marcos lo hizo".
Manuel, con los ojos muy abiertos y la cara enrojecida por la vergüenza y la sorpresa, intentó hablar, pero no pudo encontrar las palabras. "Anabel, no... no puedo hacer esto. No quiero hacerte daño."
Anabel, sin embargo, no estaba dispuesta a dejarlo escapar.
"Cuando lleguemos a Miami, tu pene será mío, bombón", susurró Anabel, su voz cargada de una mezcla de desafío y lujuria.
Luego, sin esperar una respuesta, se inclinó y besó a Manuel con una pasión y un dominio que lo dejó sin aliento. El beso fue profundo y lleno de deseo, y cuando se separó, pudo ver la confusión y la excitación en los ojos de Manuel.
Sin embargo, sabía que no era el momento ni el lugar para llevar las cosas más lejos. Con un suspiro, Anabel se desprendió de él y se alejó lentamente, sus tacones altos golpeando el suelo con una autoridad que no dejaba lugar a dudas. "Disculpa, Manuel", susurró, una sonrisa pícara en sus labios. "Solo quise darte un adelanto de lo que te espera en Miami.