Cover of Scandalous Affairs - Miami Heat

Scandalous Affairs - Miami Heat

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Personajes todos+18: Anabel: una actriz porno de éxito, amiga de María , con unas tetas enormes, un culo grande y gordo. Adicta a los penes gordos y grandes, y a robar novios a sus amigas, viste siempre muy provocativa. María: amiga de Anabel y novia enamorada de Manuel Manuel: novio de María y enamorado de ella, alto, fuerte y con un pene bastante grande. Marcos: amigo de Manuel. La historia comienza en un avión privado, comprado por Anabel, con destino a Miami. Escena 1: Anabel y María hablando de sus vidas, y Anabel cuenta como es ser actriz porno y que es normal que María tenga envidia porque probablemente su novio se haya masturbado pensando en ella (Anabel). Luego Anabel comienza a preguntar sobre la vida sexual de Manuel, como es en la cama, como tiene su pene etc. Lo cuál incómoda a María, pero Anabel consigue sacar información sobre Manuel. Escena 2: Anabel se levanta y de camino al baño del avión finge caer de culo sobre el paquete de Manuel, y le cuenta que sabe de su enorme polla y que si alguna vez se había fijado en ella, pero no llegan a ningún tipo de encuentro sexual. Escena 3: Tras hablar con Manuel, Anabel se dirige al baño y se tropieza bajándole los pantalones a Marcos, que salía del baño, descubriendo su pene monstruoso (30 cm) lo cual sorprende a Anabel y acaba chupando dela y llena de semen. Escena 4: En una fiesta en Miami, Anabel seduce a Manuel que al principio se resiste debido a que ama a María, pero Anabel muestra sus enormes tetas y culo y acaba teniendo sexo con Manuel. Escena 5: Anabel se dirige a María, con ganas de humillarla, y le dice que ha perdido a su novio Manuel, que ahora Manuel y Anabel están juntos y que la estancia de María en Miami ya terminado.

Chapter 4: Climax

Anabel, vestida con un vestido rojo palpitante que apenas cubría sus pechos generosos y una abertura que mostraba sus piernas largas y bien torneadas, no dejaba lugar a dudas sobre sus intenciones. El vestido era tan ceñido que parecía haber sido pintado en su cuerpo, y el escote pronunciado daba un vistazo de sus enormes senos, que casi se escapaban de las telas que los contenían. La tela, suave y sedosa, resbalaba por su piel, acentuando sus curvas voluptuosas y haciendo que su trasero pareciera aún más prominente.

Su cintura estaba cincelada, sus caderas anchas y musculosas, y sus piernas largas y tonificadas. Su rostro, con esos ojos avellana y esos labios carnosos, era una mezcla de dulzura y lujuria.

Anabel se inclinó hacia Manuel, sus labios rozando los suyos en un beso profundo y dominante. La tela de su vestido, tan ceñido que parecía pintado en su cuerpo, resbalaba y se movía con cada movimiento de su cuerpo.

Anabel se sentó sobre las piernas de Manuel, sus pechos grandes y firmes rozando su pecho. La tela del vestido se deslizó hacia arriba, revelando sus caderas y muslos tonificados.

"Lo siento, Manuel", susurró Anabel, su voz cargada con una mezcla de desafío y lujuria. "Pero no puedo resistirte más.

Eres demasiado tentador." Manuel finalmente cedió, su voz ronca y llena de deseo. Anabel sonriendo, una expresión de triunfo y lujuria. "Entonces, ven aquí y fóllame, grandullón. Vamos a ver lo que tienes ahí dentro."

Anabel se sentó sobre las piernas de Manuel, su vestido rojo resbalando y deslizándose hacia arriba, revelando sus caderas y muslos tonificados.

La piel bronceada de Manuel contrastaba con la tela suave y brillante de su vestido, y sus ojos recorrieron cada centímetro de su cuerpo, deteniéndose en los pechos voluptuosos que se alzaban ante ellos.

"Tus tetas... son enormes", susurró Manuel, su respiración agitada mientras sus manos se deslizaban hacia ellas, sintiendo su tamaño y su firmeza. "Más grandes que las de María."

Anabel río, una risa baja y sensual que resonó en el pequeño espacio entre ellos. "No es justo compararnos, Manuel.

Claramente yo soy una mujerón", susurró Anabel, sus dedos enredándose en el cabello de Manuel mientras lo tiraba hacia atrás, obligándolo a mirar directamente a sus pechos. "María es solo una niñita. No puedes compararme con ella."

Manuel tragó saliva, su respiración agitada mientras sentía la fuerza y ​​la determinación de Anabel. "Tienes razón, Anabel", admitió, su voz temblando con una mezcla de vergüenza y excitación. "Eres... diferente."

Anabel, con una sonrisa traviesa y sus ojos llenos de deseo, se inclinó hacia adelante, sus labios rozando los de Manuel.

"Este mujerón te va a devorar, grandullón", susurró, su voz cargada de una mezcla de promesa y lujuria. "Vamos a ver cómo te gusta ser devorado por una verdadera mujer."

Manuel, con la respiración agitada y los ojos muy abiertos, intentó resistirse. "Anabel, no... no deberíamos hacer esto.

Sin embargo, Anabel no estaba dispuesta a escucharlo. Con una fuerza y ​​una determinación que lo sorprendieron, la lanzó sobre la cama, su cuerpo sobre el de Manuel, sus manos explorando cada centímetro de su piel.

"Sácate tu enorme miembro, mami tiene hambre", susurró Anabel, su voz cargada de lujuria y deseo. Manuel, a pesar de la excitación que recorría su cuerpo, intentó detenerla. "Anabel, no deberíamos hacer esto. María me ama y yo la amo a ella", dijo, su voz temblando con una mezcla de vergüenza y deseo.

Anabel ignoró sus protestas, su mano deslizándose rápidamente hacia los pantalones de Manuel, sintiendo la dureza de su miembro a través de la tela. "No te preocupes por María, grandullón.

Ahora eres mío, así que saca tu enorme pene", ordenó Anabel con una voz cargada de dominio y lujuria. Su mano se deslizó rápidamente hacia los pantalones de Manuel, sintiendo la dureza de su miembro a través de la tela. Manuel intentó resistir, pero la determinación de Anabel era abrumadora.

Anabel río, una risa baja y sensual que resonó en el pequeño espacio entre ellos.

Ella se inclinó hacia abajo y desabrochó los pantalones de Manuel, liberando su miembro monstruoso de 28 centímetros.

"Dios mío, Manuel, qué puta belleza", susurró, su voz llena de lujuria y admiración. "Nunca he visto una polla tan grande y gruesa."

Manuel, a pesar de la excitación que recorría su cuerpo, intentó resistirse.

Anabel, sin embargo, no estaba dispuesta a escucharlo. Con una fuerza y ​​​​una determinación que lo sorprenderá, la lanzó sobre la cama, su cuerpo sobre el de Manuel, sus manos explorando cada centímetro de su piel.

El móvil de Manuel sonó interrumpiendo el momento, haciendo que su cuerpo se tensara y su respiración se detuviera por un instante.

Anabel, sin perder el control, se sentó de nuevo sobre sus piernas, sus pechos grandes y firmes rozando su pecho. Manuel trató de levantarse para atender la llamada, pero Anabel lo mantuvo firmemente en su lugar.

—No, no lo toques —dijo Anabel, con una sonrisa pícara y una voz cargada de lujuria—. Voy a atenderlo por ti.

Anabel agarró el móvil de Manuel y lo desbloqueó con su huella dactilar, su sonrisa creciendo al ver quién era la persona que llamaba. La pantalla mostraba el nombre de María. Anabel soltó una carcajada, la excitación recorriendo su cuerpo al ver la oportunidad de jugar con su presa.

Tomó el móvil de Manuel y lo llevó a su oreja, su voz adoptando un tono sensual y provocador. —Hola, María. ¿Cómo estás, cariño? —preguntó, sus ojos clavados en Manuel, quien la miraba con una mezcla de sorpresa y deseo.

Anabel, con una risa traviesa y una voz cargada de lujuria, continúa hablando con María, sabiendo que cada palabra que dice está cortando más profundamente en el corazón de Manuel.

—Sí, todo está bien aquí, cariño. Manuel y yo estamos disfrutando de un poco de tiempo juntos. ¿Sabes? Es tan difícil encontrar momentos a solas en esta vida ocupada.

Manuel, con los ojos muy abiertos y la respiración agitada, intenta hablar, pero Anabel le hace una señal con la mano, silenciándolo.

—¿Por qué están solos?, preguntó María, su voz cargada de preocupación y un toque de celos.

Anabel, con una sonrisa maliciosa, respondió en voz alta, asegurándose de que Manuel la escuchara. —Bueno, cariño, es que Manuel y yo necesitábamos un poco de...privacidad. Sabes cómo es, María, a veces necesitas un poco de tiempo a solas con alguien especial.

La risa de Anabel resonó en el oído de Manuel, quien se tensó al escuchar la conversación. —Sí, cariño, entiendo eso —dijo María, su voz temblando ligeramente—. ¿Pero estás seguro de que estás bien? Yo...

Anabel, con una sonrisa traviesa y llena de malicia, interrumpió a María. —Es verdad lo que dijiste en el avión, María, Manuel la tiene enorme —dijo, riéndose mientras miraba a Manuel con una mezcla de desafío y lujuria. Manuel tragó saliva, sus ojos muy abiertos y su respiración agitada. Anabel continuó hablando por teléfono, su voz llena de provocación y malicia. —Sí, cariño, Manuel tiene una polla monstruosa. No puedo creer que no lo supieras.

María, al otro lado de la línea, se tensó. —Anabel, ¿qué estás haciendo? ¿Dónde estás?

¿Qué estás haciendo?", reclamó María, su voz llena de preocupación y un toque de celos. En ese momento, Anabel, con una sonrisa maliciosa, se incorporó y se sentó encima de Manuel, quien quedó aún más atónito al sentir su peso. "¿Estás en la cama con él?", preguntó María, su voz temblando más. Anabel, con una risa traviesa, respondió y respondió de manera provocadora. "Sí, cariño, estamos en la cama. De hecho, ¿quieres que te envíe una foto?"

Anabel una rubia de grandes curvas besando a Manuel

Manuel, sin poder siquiera resistirse, intentó protestar, pero Anabel lo llamó con un gesto de la mano.

"No, grandullón, no te preocupes por eso", susurró, su voz cargada de una mezcla de desafío y lujuria. "Vamos a darle a María lo que quiere". Anabel tomó el pene de Manuel, aún erecto y brillante con el semen de su orgasmo anterior, y lo colocó frente a su cara, sintiendo su calor y dureza. "Ahora, mami quiere una foto", dijo Anabel, mirando directamente a la cámara del teléfono, sus ojos llenos de malicia y deseo.

"Vamos a darle a María un regalo especial." Manuel intentó cubrirse, pero Anabel lo alejó, colocando su cuerpo desnudo en el cuadro. "No te preocupes, Manuel. Vamos a hacerla rápido". Anabel rápidamente ajustó el ángulo de la cámara para capturar la escena en toda su gloria: su gran cuerpo desnudo, su trasero prominente y el gran pene de Manuel erguido frente a ella.

"Listo", dijo Anabel, sonriendo mientras hacía clic en el botón de envío. La cara de María se iluminó en la pantalla del teléfono, su expresión de preocupación y celos cambió abruptamente a una de horror y conmoción.

Anabel, con una sonrisa traviesa y llena de malicia, continuó hablando, sabiendo que cada palabra que decía estaba cortando más profundamente en el corazón de Manuel.

—María, querida, ¿crees que es más grande su pene o mis tetas? —preguntó Anabel, riendo mientras miraba a Manuel con una mezcla de desafío y lujuria.

Manuel, con los ojos muy abiertos y la respiración agitada, intentó protestar, pero Anabel lo llamó con un gesto de la mano. —No te preocupes, Manuel. Vamos a averiguarlo juntos.

¿Qué tal si vamos a hacer una comparación directa? —susurró Anabel, sus dedos deslizándose lentamente por el miembro de Manuel, acercándolo a su boca. María no necesita saber que estamos divirtiéndonos. —dijo Anabel, su voz cargada de una mezcla de desafío y lujuria.

"María, querida, ¿crees que es más grande su pene o mis tetas?

María, al otro lado de la línea, sollozó desesperadamente. "Por favor, Anabel, no... te lo suplico." La voz de María estaba llena de dolor y desesperación, y su petición cortó el corazón de Manuel, quien sintió una oleada de culpa y vergüenza.

Anabel, sin embargo, no dejó que la súplica de María interrumpiera su plan.

Se agachó junto al oído de Manuel y susurró, su voz cargada de una mezcla de desafío y lujuria, "María no puede escucharlo, mi amor, pero lo que sea que estemos haciendo, ella lo sabe. Su corazón está latiendo como el tuyo, deseando ver lo que tú tienes justo en frente de ella". Anabel se inclinó hacia él, sus labios rozando los suyos en un beso profundo y dominante.

"Métemela, Manuel", susurró, su voz cargada de deseo y lujuria. Manuel, aunque resistió inicialmente, no pudo evitar sentir una oleada de excitación recorrer su cuerpo. Su mano tembló mientras desabrochaba el cierre de su pantalón, revelando su miembro que palpitaba de deseo. Anabel observa cada movimiento de Manuel, sus ojos brillando con anticipación y desafío.

"Ya lo siento, María", continuó Anabel, su voz aún cargada de malicia mientras hablaba al teléfono. "Manuel está tan ansioso por follarme" —susurró, sus dedos deslizándose lentamente por el miembro de Manuel, acercándolo a su boca. "Vamos a hacerlo disfrutar, cariño. Así que, ¿por qué no te tomas unas copas y relajas? Nosotros vamos a hacer un poco de ejercicio, solo para mantenernos en forma."

Manuel, con los ojos muy abiertos y la respiración agitada, intentó protestar. María me ama y yo la amo a ella."

Anabel, sin embargo, no dejó que las protestas de Manuel la interrumpieran.

Se agachó junto a su oído y, con una risa traviesa, susurró, "Manuel, yo o María?". Manuel, con los ojos muy abiertos y la respiración agitada, intentó resistirse. "Anabel, no podemos hacer esto. Se inclinó hacia adelante, sus labios rozando los de Manuel en un beso profundo y dominante. "Yo o María, Manuel. ¿Quién te hace sentir más vivo? ¿Quién despierta el monstruo que hay en ti?" Manuel tragó saliva, su cuerpo tensionándose aún más mientras sentía la fuerza y ​​​​la determinación de Anabel.

"Joder, tú Anabel. No podemos hacer esto.

"Ah, Manuel, dulce y tierno", susurró Anabel, su voz cargada con una mezcla de desafío y lujuria. "Pero sabes que tú eres un hombre, y los hombres siempre buscan algo más, algo salvaje y prohibido. Y yo, mi querido, soy la encarnación de lo prohibido".

Manuel, a pesar de su resistencia inicial, no pudo evitar sentir una oleada de deseo recorrer su cuerpo al escuchar las palabras de Anabel.

"Estoy loco por ti, Anabel", susurró, su voz ronca y llena de lujuria. Anabel, con una sonrisa maliciosa y llena de desafío, tomó su mano y lo arrastró hacia el baño, cerrando la puerta con un clic detrás de ellos.

En el baño, Anabel se volvió hacia Manuel y lo empujó hacia la pared. "Anabel, esto es una locura. María...", comenzó a decir, pero Anabel lo interrumpió con un beso profundo y dominante.

-No hables, Manuel.

Sabes que quiero esto tanto como tú", dijo Anabel, su voz cargada de lujuria y deseo. De repente, sin previo aviso, se arrodilló en el suelo frío y duro del baño, sus ojos nunca dejando adelante de mirar a Manuel. Se inclinó hacia adelante y tomó su miembro monstruoso en sus manos, sintiendo su dureza y su calor. "Shhh, grandullón. Ya lo sé, y te amo a ti también.

Pero Anabel, con una determinación y una lujuria incontrolables, se inclinó hacia adelante y tomó el enorme pene de Manuel en su mano, sintiendo su dureza y su calor. Sin dudarlo, llevó su boca a su miembro, abriendo los labios y envolviendo sus labios alrededor de la punta. Un gemido profundo y desesperado escapó de los labios de Manuel, su cuerpo temblando con la intensidad del placer. Anabel, con una sonrisa traviesa y llena de desafío, miró hacia arriba, sus ojos encontrándose con los de Manuel mientras lo acariciaba con su lengua, suavizando cada centímetro de su pene.

Lentamente, abrió los labios y lo tomó en su boca, sintiendo su dureza y calor mientras lo inclinaba hacia atrás, disfrutando de la sensación de su miembro monstruoso llenando su boca. Manuel, con los ojos cerrados y la respiración agitada, se agarró a los hombros de Anabel, sintiendo cada movimiento de su cabeza mientras ella lo succionaba profundamente.

Manuel sollozó, su cuerpo temblando con cada movimiento de Anabel. "Dios mío, Anabel", susurró, su voz cargada de deseo y sorpresa.

Anabel tomó el enorme pene de Manuel en su boca, sintiendo su dureza y calor, y comenzó a reírse de gusto mientras lo succionaba profundamente. La risa de Anabel resonó alrededor del pene de Manuel, enviando vibraciones de placer a través de todo su cuerpo. Manuel, con los ojos cerrados y la respiración agitada, se agarró a los hombros de Anabel, sintiendo cada movimiento de su cabeza mientras ella lo succionaba y reía al mismo tiempo.

"Lo siento, María", continuó Anabel, su voz llena de malicia mientras hablaba al teléfono.

"Vamos a hacerlo disfrutar, cariño." Anabel lo tomó en su boca, disfrutando de la sensación de su dureza y calor. Luego, de repente, se detuvo y se alejó, escupiendo sobre su pene. "Ahí tienes, grandullón. Ahora vamos a jugar un poco más." Anabel se volvió hacia Manuel y, con una sonrisa maliciosa, dijo: "Joder, María, me encanta la polla de tu novio. Es tan grande y gruesa, perfecta para llenarme hasta el fondo". Manuel sintió un escalofrío recorrer su espalda al escuchar a Anabel hablar de esa manera, pero también sintió una oleada de excitación que lo dejó sin aliento. María, al otro lado de la línea, comenzó a sollozar con más fuerza, y Anabel rió con una mezcla de desafío y lujuria.

"¿Qué tal, cariño?"

", preguntó Anabel, su voz llena de malicia mientras sostenía el teléfono frente a los oídos de Manuel. "María está llorando. Parece que no le gusta lo que estás haciendo."

Manuel sintió una oleada de culpa y vergüenza al escuchar el sollozo de María. Intentó sacudirse el peso de la culpa, pero la voz de Anabel lo mantuvo firmemente en su lugar. "Métemela por el culo, bombón. Que María Escuche cómo disfruto"

susurró Anabel, sus ojos llenos de desafío y lujuria. Manuel, a pesar de su resistencia inicial, no pudo evitar sentir una oleada de excitación recorrer su cuerpo.

Anabel se inclinó hacia adelante con una sonrisa malvada y empujó a Manuel hacia la cama, haciendo que cayera sobre la colcha de satén negra. "Vamos a darle a María un buen espectáculo", dijo Anabel, desabrochando su vestido rojo y dejándolo caer al suelo. Su cuerpo voluptuoso quedó expuesto, sus pechos grandes y firmes y su trasero prominente a la vista.

"Ahora, vamos a ver cómo te gusta mi trasero, grandullón." Anabel se inclinó sobre la cama, apoyándose en sus manos y rodillas, ofreciéndole su trasero voluptuoso a Manuel. "Métemela por el culo, bombón. Quiero que María escuche cómo disfruto." Lo que Anabel le proponía era tabú, prohibido, y eso lo hacía aún más deseable. Con una mano temblorosa, Manuel desabrochó su cinturón y bajó los pantalones, liberando su miembro monstruoso. Anabel miró por encima de su hombro, sus ojos llenos de desafío y lujuria.

Manuel, con la respiración agitada y el cuerpo temblando, se sintió atrapado por la intensidad del momento y la determinación de Anabel. Dio un resoplido profundo y, con una mano temblorosa, desabrochó su cinturón y bajó los pantalones, liberando su miembro monstruoso. Anabel se arrodilló en la cama, apoyándose en las manos y las rodillas, ofreciendo su trasero voluptuoso a Manuel. Manuel, con una mezcla de culpa y deseo, se ubicó detrás de ella, sintiendo la tensión en su cuerpo conforme se preparaba para lo prohibido.

Anabel, mientras tanto, mantenía la conversación con María, su voz llena de malicia y lujuria.

—Vamos a hacer que Manuel disfrute un poco más, María —susurró Anabel, su mano derecha explorando su propio trasero mientras se preparaba para el acto. — ¿Te gustaría saber cómo suenan mis gemidos mientras él me folla por el culo?

María, al otro lado de la línea, sollozaba con más fuerza, pero Anabel no se detuvo. Manuel, con la respiración agitada y el corazón latiendo con fuerza, comenzó a embadurnar el trasero de Anabel con saliva, preparándolo para la penetración.

Anabel, con una mezcla de lujuria y desafío en la voz, susurró en su oído, "Folla más fuerte, haz que ella escuche".

La petición de Anabel envió una oleada de adrenalina por el cuerpo de Manuel, y sin dudarlo, empujó su miembro hacia adentro, sintiendo cómo sus músculos se contraían alrededor de él. Anabel, con una sonrisa maliciosa, mordió su labio inferior y murmuró en el teléfono, "Ah, sí, María, escucha bien. Manuel está dentro de mí, y lo siente tan bien que no puede contenerse más".

Anabel gimió en voz alta y su voz resonó en el baño mientras Manuel la penetraba más profundamente. Cada movimiento enviaba oleadas de placer que recorrían su cuerpo y hacían que sus uñas se clavaran en las frías baldosas que había debajo de ella.

Los sollozos de María al otro lado de la línea parecieron alimentar la intensidad de Anabel. "Ah, sí, María, escucha bien. Manuel está metiéndomela por el culo y siento que va a reventarme. ¿Te gusta escuchar cómo disfruto con su enorme pene?", se burló Anabel, con la voz llena de lujuria y malicia.

Manuel, a pesar de su resistencia inicial, estaba ahora completamente consumido por el momento. El sonido de los gemidos de Anabel y el saber que María estaba escuchando eran suficientes para volverlo loco. La agarró por las caderas con firmeza, su cuerpo chocando contra el de ella con fuertes embestidas.

Anabel, con la boca abierta y los ojos cerrados, mojó sus labios y dejó escapar un gemido profundo. "Fúllame más fuerte, Manuel. Quiero sentir cada centímetro de tu verga dentro de mí", susurró, su voz llena de lujuria y deseo. Manuel, con la respiración agitada y el corazón latiendo con fuerza, intensificó el ritmo de sus embestidas. "¡Fúllame más fuerte, Manuel!", gritó Anabel, su voz llena de pasión y urgencia.

El baño de la lujosa suite en Miami resonó con los gemidos y el sonido de la carne golpeando contra la carne.

María, al otro lado de la línea, escuchaba cada palabra y cada sonido con el corazón desgarrado. Sus sollozos se intensificaron, los repiques de su dolor y desesperación llenando el aire. Anabel, con la voz cargada de lujuria y malicia, seguía burlándose de María mientras disfrutaba del placer que Manuel le proporcionaba.", susurró Anabel, cada palabra diseñada para infligir el máximo daño.

"Ahora, vamos a ver cómo te gusta mi boca, grandullón. Quiero que sientas mi lengua en tu pene, y quiero que María escuche cada sonido". Manuel, aunque inicialmente resistió, no pudo evitar sentir una oleada de deseo recorrer su cuerpo. La determinación de Anabel era abrumadora, y la idea de dominarla de esa manera era irresistible. Manuel, con la respiración agitada y el corazón latiendo con fuerza, se agachó y tomó su miembro en la mano, llevándolo a los labios de Anabel.

Anabel abrió la boca, invitando a Manuel a penetrarla con su lengua traviesa. Manuel, con una mezcla de culpa y deseo, movió su cuerpo hacia adelante, sintiendo los labios de Anabel cerrarse alrededor de su pene. Gemidos profundos y desesperados escaparon de los labios de Manuel, su cuerpo temblando con la intensidad del placer. Anabel, con los ojos cerrados y la respiración agitada, se agarró a las piernas de Manuel, sintiendo cada movimiento de su cuerpo mientras lo succionaba profundamente.

Sin embargo, no estaba satisfecho con el ritmo lento. "Más rápido, grandullón", susurró, su voz cargada de lujuria y deseo. "Folla más fuerte, haz que lo sienta." Manuel, con los ojos encendidos por la pasión y el deseo, obedeció sin dudar. Aumentó la intensidad de sus embestidas, clavando su pene monstruoso en el trasero de Anabel con una fuerza que hizo temblar toda la habitación. Anabel gimió en respuesta, su cuerpo reaccionando al aumento de la intensidad con un placer aún más profundo.

"Sí, Manuel, así es como lo quiero", susurró, su voz llena de deseo y dominio. "Fóllame más fuerte, haz que lo sienta." Cada movimiento hacia adelante y hacia atrás resonó con un golpe húmedo y contundente, enviando oleadas de placer que recorrían el cuerpo de Anabel.

De repente, Manuel, con una fuerza incontrolable, empujó a Anabel hacia abajo, metiendo su miembro monstruoso en su boca.

Anabel, sin perder el control, siguió hablando con María al teléfono, su voz llena de malicia y desafío. "Ah, María, puedes escuchar eso, ¿verdad? Manuel está dentro de mí, y lo siento tan bien que no puedo contenerme más. Su enorme pene está llenando mi boca y no puedo respirar. ¿Te gusta escuchar cómo disfruto con él?", susurró Anabel, su voz llena de lujuria y deseo. María, al otro lado de la línea, sollozó con más fuerza, su corazón rompiéndose en pedazos mientras escuchaba cada palabra y cada sonido.

Anabel, con la voz cargada de lujuria y malicia, seguía burlándose de ella mientras disfrutaba del placer que Manuel le proporcionaba. ¿Te gusta escuchar cómo disfruto con él?" susspiró Anabel, su voz llena de deseo y desprecio. Sin embargo, Manuel, incapaz de contenerse más, se corrió con un gemido profundo y agitado, su cuerpo temblando con la intensidad del orgasmo.

Anabel, con una determinación y una lujuria incontrolables, tragó cada gota de su semen, lamiendo su pene con una pasión y un deseo insaciable. Manuel, con los ojos muy abiertos y el aliento agitado, miró a Anabel con una mezcla de asombro y deseo mientras ella lamía la última gota de su semen de su pene. Anabel se sentó sobre sus rodillas, sus pechos grandes y firmes rozando su pecho, y lo miró directamente a los ojos con una sonrisa maliciosa. "¿Te gustó eso, grandullón?

" Anabel susurró, su voz cargada de lujuria y desafío. Con una mano temblorosa, tomó su teléfono y abrió la cámara, enfocando su rostro y el de Anabel en el disparo. Anabel, con una sonrisa maliciosa, se inclinó hacia él y le robó un beso apasionado, sus labios rozando los de Manuel con una intensidad que lo dejó sin aliento.

"Perfecto", murmuró Anabel, mirando la pantalla del teléfono con una satisfacción maliciosa. "Ahora, vamos a hacer que María lo vea".

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