Chapter 1: Opening Image
La cálida luz del sol se reflejaba en el pelaje rojo intenso de Vixen en medio del parque mientras ella se tumbaba sobre el exuberante césped. El día era perfecto; el clima era perfecto y no había ni una sola nube a la vista. El parque estaba prácticamente vacío, lleno de basura y algunas palomas picoteando migajas.
Su cola se movía de un lado a otro, golpeando las malas hierbas que crecían a su alrededor. Sus orejas se erguían ante cualquier pequeño ruido o susurro, como si fueran antenas parabólicas que captaran el entorno.
Sus dientes afilados brillaban en la comisura de su boca mientras sonreía con picardía. Este era su territorio, su reino, y siempre estaba al acecho de su próxima víctima.
Un hombre de unos veinte años, vestido con pantalones caqui y un polo por dentro del pantalón, entró en el parque. Un labrador negro lo seguía de cerca, ladrando juguetonamente a una bandada de palomas. La mirada de Vixen se fijó inmediatamente en el hombre, con el corazón acelerado por la expectación. Parecía un ejemplar perfecto para añadir a su colección de animales transformados.
Ella se levantó y se acercó al hombre, a través de los tallos de flores y hierbas altas, se fue a parar a su lado, extendiendo su cola. El hombre, aterrorizado, paró y miró a la vixen, mirándola de frente con una expresión inquieta. No había ningún misterio para él, ya sabía lo que estaba pasando. El olor de su sangre humana atraía a la vixen, y sabía que tenía que huir. Pero ella, con sus dientes afilados, tenía otra idea.
Sin hablar, se acercó a él, se volvió hacia el hombre, y se juntó a él con una silla muy grande.
Sus ojos se encontraron, y el hombre retrocedió de inmediato, sintiendo un escalofrío que recorría su espina dorsal. Vixen, con una sonrisa maliciosa, rozó suavemente su mano y comenzó la transformación.
El hombre se estremeció violentamente, mientras su cuerpo se retorcía y giraba. Sus extremidades comenzaron a encogerse y deformarse, y su piel se cubrió de una capa de pelaje rojizo. Su cara se estiró, alargándose en un hocico puntiagudo y nariz húmeda, y sus ojos se volvieron más pequeños y redondos.
Su pelo se convirtió en una mancha de pelo rojizo que cubría su cuerpo, y sus uñas se convirtieron en garras afiladas. A medida que avanzaba la transformación, su pene se contrajo y abrió una vagina, áspera y humeda, conformándose a su deseo.
Vixen empujó a la nueva criatura que tenía entre sus brazos, haciéndole estremecerse mientras le separaba las piernas, dejando que su nueva concha, rosada y húmeda, se expandiera bajo su tacto, era una zorra en toda la palabra.
Con unas manos firmes, ella separó sus piernas más, dejando expuesta su entrada.
La nueva criatura femenina sentía el peso de sus grilletes, que empujaban contra la tierra, por lo que sabía que no podía escapar. Antes de que ella pudiera decir nada, Vixen se colocó encima, empujándola hacia el suelo. Así, ella gachó en la tierra, mientras Vixen se posó sobre ella con una sonrisa obscena.
Le infló su informe con dos dedos, asegurándose de que estaba lista para su uso. La nueva criatura femenina su informe se expandió y se convirtió en una burbuja húmeda y suave, envolviéndose en ella.
Vixen empujó sus dedos y empezó a penetrarla sin piedad o compasión. Su informe se relajó bajo su toque, y empezó a apretarla sin cesar.
El cuerpo de la nueva criatura se arqueó mientras gemía y gruñía. Su cuerpo se maldijo, gimiendo de placer mientras era forzada por la vixen.
Vixen continuó empujando sus dedos más profundamente, sintiendo cómo el placer aumentaba más y más. Era tan fácil obligar a ser forzado a la nueva criatura, y eso solo aumentaba el placer de Vixen.
De repente, se dio cuenta de que la nueva criatura estaba jugando, empujando sus dedos más profunda y rápidamente en ella, mientras sus dedos buscaban su clítoris para darle más placer.
A medida que avanzaba, se estaba haciendo cada vez más difícil sufrir eso, pero antes de que pudiera gritar o decirle a ella que detuviera, sintió una oleada de orgasmos, como si se les hubiera grabado en su cerebro para que nunca detuvieran.
Después de su orgasmo, Vixen se puso más sugestiva, comenzando a mamar sus pechos, asegurándose de transmitir su orgasmo también.
La nueva criatura jadeó y gimió, riendo mientras experimentaba el placer que le provocaba la vixen.
Vixen jugueteó con su jugosa vagina, empujándola con sus dedos en un ritmo desesperado para experimentar otra oleada de placer. La criatura tenía la sensación de que no podría resistir más, con sus gemidos y jadeos provocando que las palomas en la rama cercana echaran a volar.
La verga de Vixen se endurecía, presionando fuertemente contra sus muslos a medida que su ritmo aumentaba.
De repente, Vixen apartó bruscamente la mano de la criatura y con una sonrisa maliciosa la volteó hacia ella, empujándola sobre el césped, con una rapidez casi letal.
Parecía querer jugar con su nueva conquista, mientras la criatura temblaba de miedo entre los ágiles dedos de Vixen.
Mientras la criatura yacía indefensa sobre la hierba, Vixen se deslizó entre sus piernas y comenzó a besar y lamer su nuevo sexo, como si fuera una mordaza, para que ningún sonido escapara de sus labios. Inserta su verga en la vagina de la zorra.
Fuerza su miembro en ella con violencia, haciendo que ella grite, pegándole en el pecho con cada embestida. Sus caderas impactan en las suyas, sintiendo cómo la piel de la zorra se estremece con cada empujón.
La zorra gime incontrolablemente, jadeando mientras sus tetas sobresalen por el polo de su vestimenta.
Vixen no se detiene una sola vez, prendiéndose ansiosamente de sus manos rojas y empinándose sobre ella con ansias.
Su verga se introduce rápidamente en su vagina, sintiéndose casi como si se hubiera quemado en su interior.
La zorra prendía a Vixen con sus voces fuertes y agudas, las lecturas de su cuerpo indicaban un placer nunca antes experimentado.