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Compartiendo polvo

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Personajes+18: Mercedes: una mujer negra, con unos labios gruesos, pelo rizado, tetas gigantes y culo gigantesco, acostumbrada a follarse A los novios de su compañera de piso maría María: compañera de piso de Mercedes y novia de Manuel Manuel: novio de María, con un pene gigante

Chapter 1: Introduction

Mercedes se tumbó en el sofá, con su pelo largo y rizado cayendo en cascada sobre los apoyabrazos y sus pies descalzos apoyados en la mesa de café. Se relajaba en un estado de lánguida satisfacción, saboreando el resplandor de una llamada telefónica particularmente satisfactoria. Las paredes de color verde jade del apartamento parecían brillar a la luz del atardecer y el aroma de las velas de vainilla flotaba en el aire, dando a la habitación una atmósfera acogedora e íntima.

Su compañera de cuarto, María, entró apresuradamente desde la cocina, con una taza humeante de té de manzanilla en sus manos.

Era una mujer menuda, de pelo rojo intenso y ojos que brillaban con picardía. —Sabes, Mercedes, deberías conseguir un trabajo —bromeó, dejando la taza sobre la mesa con un tintineo—. O al menos limpiar este desastre. —Señaló la pila de ropa tirada y envoltorios arrugados que estaban esparcidos por la habitación.

Una mujer negra curvilínea recostada en el sofá mirando su teléfono.

Mercedes sonoramente burlonamente, dio una larga calada a su cigarrillo y frunció los labios mientras exhalaba una nube de humo. "¿Y perderme todo esto?". Señaló con la mano el apartamento y sus ojos se posaron en los carteles de sus músicos y artistas favoritos que adornaban las paredes.

"Pues no, chica. No lo haré."

María se sentó a su lado, mirando el humo de su cigarrillo con una expresión de asco. "No me refiero a eso", dijo, sacando su teléfono del bolsillo. "Mira lo que Manuel me mandó."

Mercedes levantó una ceja, interesada. "¿Otra foto de su coche?"

-preguntó Mercedes, alzando la ceja. No podía entender por qué María siempre le mostraba las mismas fotos de su coche deportivo.

María sacudió la cabeza, entregándole el teléfono. "No, esta vez es de nuestra mascota".

Mercedes tomó el teléfono y deslizó el dedo sobre la pantalla para abrir la foto. Cuando vio el contenido, casi se atraganta con el humo del cigarrillo. Allí, en toda su gloria, estaba el enorme miembro de Manuel, perfectamente capturado en alta definición. Mercedes se quedó sin palabras, la boca entreabierta y los ojos redondos como platos.

Miró la foto otra vez, asegurándose de que no estaba soñando. "¡Cielos, María! ¡Esa es otra mascota, Dios santo, qué gorda!"

Mercedes exclamó, dejando caer el teléfono sobre sus piernas, y estallando en una carcajada.

"Pero, espera, ¿qué foto estás viendo?"

María puso los ojos en blanco.

"Eso no es ninguna mascota, Mercedes. Eso es... ese es Manuel."

Mercedes levantó una ceja, mirando la foto con una mezcla de asombro y admiración. "Pues, sí, es impresionante. Menudo cipote tiene tu novio, eh? No es de extrañar que estés tan enamorada."

María se sonrojó, tratando de arrebatarle el teléfono, pero Mercedes lo apartó rápidamente, siguiendo examinar la foto con detalle. "Dios, ¿cómo es posible que algo así se ajuste en unos pantalones?"

María rió nerviosamente, aún intentando recuperar su teléfono. "Bueno, no es tan grande cuando está...

"- María intentó recuperar su teléfono, pero Mercedes lo movió fuera de su alcance, todavía examinando la foto con detalle.

Mercedes, con una sonrisa traviesa, volvió a mirar la foto y luego a María. "Bueno, no será tan grande cuando te ve a ti, pero conmigo se pondría gigante."

María se quedó boquiabierta por un momento, sus mejillas se volvieron rojas como tomates. "¿Qué quieres decir con eso, Mercedes?"

Mercedes, sin perder su sonrisa, pasó su lengua por sus labios y se recostó más en el sofá.

"Solo digo que tú eres muy canija para todo ese cipote, María. No seas tonta, ya quisiera yo tener algo así en mis manos."

María, aún ruborizada, intentó volver a tomar el teléfono, pero Mercedes se lo apartó nuevamente. "No te hagas la inocente, María. Sabes muy bien que a mí me encanta probar cosas nuevas y grandes."

María finalmente logró zafarse del teléfono y se lo arrebató a Mercedes, apagándolo rápidamente. "Mercedes, por favor, no digas tonterías.

No me hagas esto difícil", dijo María, intentando mantener la seriedad en su tono de voz, aunque una sonrisa comenzó a asomarse en sus labios.

Mercedes, sin embargo, no se detuvo. "No, en serio, María. Me ha sorprendido. No sabía que un blanquito podía tener eso entre las piernas. No sabía que existían blancos así", dijo, mirando nuevamente la foto con una mezcla de asombro y admiración.

María rió, sacudiendo la cabeza al mismo tiempo. "Bueno, no todos los blancos son iguales, ¿sabes? Manuel no es como los demás."

Mercedes asintió, aún examinando la foto.

"Me lo imagino, María. Me lo imagino muy bien."

De repente, el teléfono de María comenzó a vibrar en su mano. María lo miró y sus ojos se ensancharon al ver el nombre que aparecía en la pantalla. "Dios, es Manuel. Es un vídeo.

Un vídeo de Manuel, desnudo, sentado en una silla, con sus manos trabajando su miembro mientras sus ojos permanecen cerrados, imaginando que solo está con María.

"¿Un vídeo? ¿De qué?" preguntó Mercedes, sus ojos brillando con curiosidad y un toque de nerviosismo.

María, con la voz temblando, respondió: "No lo sé, Mercedes. No lo he visto. Pero solo el hecho de que Manuel me mande algo así… es demasiado."

Sin dejar que María terminara su pensamiento, Mercedes le arrebató el teléfono de las manos. "¿Manuel? ¿Qué estás diciendo? ¿Qué te manda?"

María trató de recuperar el teléfono, pero Mercedes se lo apartó rápidamente y desbloqueó la pantalla con facilidad. "Solo quiero ver qué tiene para decirnos," comentó con una sonrisa traviesa.

Al instante, una imagen en movimiento apareció en la pantalla. Mercedes se quedó paralizada, mirando con la boca abierta y los ojos redondos.

"Dios, cómo se está masturbando tu novio — con la boca abierta."

María, intentando cubrir los gritos de Mercedes con una mano, se puso roja como un tomate. "Mercedes, apaga eso. No podemos ver eso."

Mercedes, sin embargo, no podía apartar la mirada de la pantalla. "Pero, María, es... es increíble. Mira cómo se está tocando. Mira esos movimientos."

La pantalla mostraba a Manuel, desnudo, sentado en una silla, con sus ojos cerrados y su mano trabajando su miembro con una precisión y un ritmo que dejaban poco a la imaginación. Mercedes se sintió una mezcla de excitación y asombro.

Mientras María intentaba recuperar su teléfono, Mercedes no pudo resistirse a mandarle un selfie desde el móvil de María, capturando su propia expresión de asombro y deseo. Lo envió rápidamente, con un mensaje que decía: "Esto es lo que pienso de tu novio, chica."

María, finalmente logró arrebatarle el teléfono de las manos, pero no antes de que Mercedes pudiera enviar el selfie. Mercedes, con una sonrisa traviesa, tomó el teléfono nuevamente, abrió la aplicación de mensajes y grabó un breve audio. "Manuel, es Mercedes. Menuda polla tienes, chico. María no sabe lo que tiene." Envió el mensaje con una risita y le devolvió el teléfono a María, quien lo miró con horror.

"¿Qué acabas de hacer, Mercedes?" preguntó María, con los ojos muy abiertos.

Mercedes a courvaceous black womem no pudo resistirse a mandarle un selfie desde el móvil de María, capturando su propia expresión de asombro y deseo

Mercedes se echó a reír, clavando la vista en María. "Solo le dije la verdad. No podía dejar pasar la oportunidad. Además, ¿quién sabe?

Tal vez Manuel aprecie un poco de competencia. Quizás incluso quiera unirse a la fiesta — pensó Mercedes, imaginando los límites que podrían explorar juntos.

Justo en ese momento, el teléfono de María vibró nuevamente, y Mercedes lo cogió de inmediato, curiosa por la respuesta de Manuel.

— Cariño??? ¿Por qué Mercedes tiene tu teléfono? — leía en pantalla.

Mercedes levantó una ceja, mirando a María con una sonrisa pícara.

— ¿Ves? Ya está interesado — dijo, mostrando la pantalla a María.

María se mordió el labio, intentando no sonreír.

— No seas tonta, Mercedes.

Déjalo — protestó María, intentando recuperar su teléfono, pero Mercedes, con una fuerza sorprendente, la agarró por el brazo y le arrebató el dispositivo de las manos. — No puedo evitarlo, chica. Solo mírale esa cara de deseo.

Mercedes rápidamente abrió la cámara del teléfono y, con un movimiento fluido, se quitó su falda corta y tomó una foto de su enorme y curvado trasero negro, enfocando la lente para que toda su gloria quedara capturada.

Después, con una risita traviesa, grabó un audio: "Aquí puedes meter ese enorme cipote blanco cuando quieras ajajajajaja". Enviándolo inmediatamente a Manuel, Mercedes miró a María con una sonrisa maliciosa.

"Dios mío, Mercedes, ¿qué estás haciendo?", exclamó María, estupefacta por la audacia de su compañera de cuarto.

Mercedes se echó a reír, apoyándose en el respaldo del sofá y cruzando las piernas para mostrar aún más su sensualidad. "Solo estoy ayudando. ¿Quién sabe? Tal vez Manuel necesite un poco de...

qué?"

Mercedes, con una sonrisa pícara, se reclinó hacia adelante, sus grandes senos empujando contra su camiseta ajustada.

"Un poco de... diversión," dijo, sus ojos brillando con malicia. "¿No te has dado cuenta de que tu novio está más que interesado?"

María, aún conmocionada, se mordió el labio, pero no pudo evitar una sonrisa. "Manuel... jamás... haría algo así," dijo, intentando mantener la compostura.

Mercedes,una mujer negra con curvas, con una sonrisa pícara, se reclinó hacia adelante, sus grandes senos empujando contra su camiseta ajustada.

Mercedes se echó a reír, sacudió la cabeza y se levantó del sofá, mirando a María con una expresión desafiante. "No lo sé, María.

María, con la voz temblando, respondió: "No es para ti, Mercedes. Simplemente me estaba enviando videos eróticos. No eran para ti. Para algo Manuel es mi novio."

Mercedes, quien había estado casi hipnotizada por la imagen en movimiento en la pantalla, se detuvo bruscamente, mirando a María con una mezcla de sorpresa y curiosidad. "Lo siento, ¿qué? ¿Qué acabas de decir?"

María, finalmente logrando recuperar el teléfono de las manos de Mercedes, lo puso sobre la mesa de café y se encogió de hombros, tratando de ocultar su vergüenza.

"No importa lo que haya enviado Mercedes, Manuel jamás haría algo así."

Sin embargo, antes de que pudiera terminar su frase, el teléfono vibró nuevamente, enviando ondas de ansiedad a través del espacio pequeño y caótico. Ambas mujeres se volvieron hacia él, sus ojos clavados en la pantalla.

Manuel había respondido.

El mensaje era corto y directo. No había explicaciones ni disculpas. Simplemente decía: "¿Qué diablos acaba de enviar Mercedes? Eso no es algo para bromear."

Mercedes miró a María con una mezcla de sorpresa y decepción, incapaz de creer lo que acababa de escuchar. "¿Qué? ¿Qué diablos acaba de decirte Manuel?"

María tomó una profunda respiración, intentando mantener la calma mientras se pasaba una mano por el cabello. "Dice que no está interesado en ti. Que no entiende por qué envías fotos de ti misma y mensajes tan... explícitos."

Mercedes, con una sonrisa pícara y divertida, respondió: "Pues, María, algún día caerá en mi cama. No te preocupes."

María se quedó en silencio por un momento, sus ojos parpadeando mientras procesaba las palabras de Mercedes. "¿Qué quieres decir con eso, Mercedes? ¿Estás insinuando algo?"

Mercedes se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en sus rodillas y mirando a María directamente a los ojos. "Solo te digo la verdad, María. Manuel es un hombre con mucho deseo. Y algún día, cuando esté listo, caerá en mi cama.

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