Cover of Scandal in The coast of Sun

Scandal in The coast of Sun

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Personajes +18: Raquel: Vecina de Manuel y María, tetas enormes, morena y adora robar hombres de mujeres casadas. Manuel: marido de maría, moreno, alto y fuerte. María: Mujer de Manuel. La historia tiene lugar en Estepona Escena 1: Raquel con un vestido negro super provocativo llega a la casa de María y Manuel para pedir un poco de sal. Manuel abre la puerta sin camiseta y ella suelta comentarios seductores. Escena 2: Raquel está en la piscina, con un bikini de leopardo, y llegan María y Manuel, Raquel comienza hablar con María, intentado sacar información sobre Manuel Escena 3: Raquel en la piscina pide a Manuel que le eche crema, Manuel se empalma y María se enfada, pero Manuel y Raquel no llegan a hacer ningún acto sexual. Escena 4: Raquel, con un vestido rojo y muy corto se ofrece a dar clases de salsa a Manuel y María, todo es una excusa para poder acercarse a Manuel. Escena 5: Raquel finge quedarse fuera de su casa sin llaves, y casualmente lleva solamente una lencería y llega a la casa de Manuel y María, pero esta vez solo está Manuel.

Chapter 3: crema

No tengo que hablar de eso contigo. —respondió Raquel, su voz cargada de desafío.

Manuel, aún sumergido en la piscina, no había sido testigo de la tensa conversación entre las dos mujeres. El sol reflejaba sobre la superficie del agua, haciendo que Manuel destellara cuando emergió. Sus abdominales definidos destacaban mientras se elevaba, y el contorno de su pene se marcaba claramente en su bañador mojado. Raquel, al notar su presencia, sonó de manera provocadora.

—Hola, Manuel. ¿Te has refrescado un poco?—preguntó Raquel, su voz llena de picardía mientras miraba a Manuel emerger del agua.

—Sí, Raquel. Estaba muerto de calor —respondió Manuel, pasándose una mano por el cabello mojado y tratando de ignorar la mirada lasciva de su vecina.

Raquel, aprovechando la oportunidad, se inclinó hacia adelante y le susurró al oído—: ¿Te importaría echarme crema? No quiero quemarme.

María, que había estado detrás de ellos, quedó en shock al escuchar la propuesta de Raquel. La tensión entre las dos mujeres era palpable, y esta última provocación no hizo más que aumentarla. Manuel, por su parte, se sobresaltó al oír la solicitud, pero trató de mantener la calma para no incendiar aún más la situación. —Claro, Raquel, no hay problema —respondió, tratando de sonar lo más neutral posible.

Raquel se dio la vuelta lentamente, presentando su trasero a Manuel. Sus movimientos eran deliberados, sensuales, y María no pudo evitar sentir una oleada de celos y enojo.

—Por favor, Manuel, hazlo bien que no quiero quemarme —dijo Raquel, inclinándose ligeramente hacia adelante para darle una mejor perspectiva.

Manuel tomó el frasco de protector solar y comenzó a untar la crema en la espalda de Raquel. El contacto con su piel era suave y cálido, y Manuel trató de mantener la concentración mientras trabajaba.

—Más abajo, Manuel, más abajo —susurró Raquel, con una voz suave y sensual.

Manuel siguió sus instrucciones, deslizando sus manos más abajo por su espalda, sintiendo la tensión en el aire. Raquel se inclina aún más, sus palabras saliendo en un susurro provocador.

—Mejor échame en el culo —dijo, con una sonrisa traviesa en los labios.

Manuel, sorprendido por la petición, titubeó un momento antes de responder. —Raquel, no sé si eso es una buena idea —dijo, tratando de mantener la calma, pero sintiendo una oleada de deseo y confusión.

—Eh... no sé —murmuró Manuel, sintiendo la crema fría en sus manos.

—Venga, Manuel, agárralo y échalo sin miedo —insistió Raquel, inclinándose aún más hacia adelante, ofreciendo su trasero con una mezcla de desafío y provocación.

María, que aún estaba detrás de ellos, no podía creer lo que estaba viendo.

La tensión entre las dos mujeres era palpable y cada movimiento de Raquel la hacía sentir más incómoda. Manuel, por su parte, vaciló por un momento, sintiendo una mezcla de deseo y culpa. Raquel, sin embargo, insistió—. Venga, Manuel, agárralo y échalo sin miedo. Sus palabras eran un susurro provocador, y Manuel, finalmente, pasó a la tentación. Con una mano temblorosa, tomó el frasco de protector solar y comenzó a untar la crema en el trasero de Raquel.

Raquel, sintiendo la crema fría sobre su piel, se inclina aún más, sus palabras saliendo en un susurro provocador. —Que manos, cómo lo tengas todo igual de grande —dijo, con una sonrisa maliciosa en los labios.

Manuel, sin poder controlar su deseo, comenzó a sentir cómo se endurecía dentro del bañador al rozar la piel suave y tersa de Raquel. —Ahora queda la mejor parte, ¿verdad, Manuel? Dime, ¿me echas por delante? —preguntó Raquel, sus palabras cargadas de una provocación que no podía ignorar. Manuel, tratando de mantener la calma, sintió cómo su corazón latía con fuerza en su pecho. —Lo siento, Raquel, no puedo hacer eso. María está aquí.

Espero que no te importe. —dijo Raquel, dando un paso hacia Manuel, desabrochando el moño de su bikini superior con una destreza que hizo que Manuel sintiera una oleada de deseo. —Venga, no seas tonto, échame crema.

Manuel, con los ojos fijos en las enormes tetas de Raquel, sintió una mezcla de culpa y deseo. —Raquel, no puedo hacerlo. —respondió, tratando de mantener la calma, pero sintiendo cómo su cuerpo traicionaba su mente.

Raquel, sin perder su mirada desafiante, cogió las manos de Manuel y comenzó a restregarlas contra sus tetas. El contacto era eléctrico, y Manuel sintió cómo sus palmas se llenaban de la seda textura de la piel de Raquel.

—Raquel, no debemos —murmuró, intentando retirar sus manos, pero la tensión en su cuerpo lo traicionaba.

Raquel, con una sonrisa maliciosa, siguió guiando las manos de Manuel por sus pechos, sintiendo cómo su respiración se aceleraba.

— ¿Tienes idea de cómo hace reaccionar tu cuerpo?

—preguntó Raquel, pasando una mano por el pecho de Manuel y sintiendo el calor que irradiaba. Manuel, con la mente nublada por el deseo, no pudo evitar sentir una punzada de culpa al escuchar la pregunta. — ¿Qué? No sé de qué hablas, Raquel.

—Estás temblando, Manuel. —dijo Raquel, acercándose más a él y sintiendo el latido de su corazón. — Creo que te has empalmado, grandullón.

María, que había estado observando la escena en silencio, no pudo contenerse más. Con los ojos llenos de rabia e indignación, se abalanzó hacia Raquel y la empujó con fuerza.

—¡No puedo creer que seas tan descarada!—gritó, su voz llena de furia. Raquel, sorprendida por el ataque, perdió el equilibrio y cayó de espaldas al suelo. —¡¿Qué te pasa, María?!—exclamó Raquel, tratando de levantarse mientras intentaba recuperar su compostura. Pero María no estaba dispuesta a escuchar más. —¡Te dije que no hicieras eso!—gritó, su voz temblando de rabia—. ¡Eres una puta, Raquel!—exclamó, sacudiendo la cabeza con desprecio.

¿Qué te pasa, María?

—Tranquila, no es mi culpa que yo le ponga a tu marido —dijo Raquel, con una sonrisa desafiante en los labios mientras se ajustaba su bikini.

María, con los ojos llenos de furia, se abalanzó nuevamente hacia Raquel, pero Manuel intervino rápidamente, colocando una mano en el hombro de su esposa para detenerla. —María, no —dijo, su voz llena de calma y autoridad. —Esto no resuelve nada.

Me voy, Manuel. —dijo María, la voz entrecortada por la emoción.

Manuel, sin vacilar, cogió a María del brazo y la arrastró hacia la casa, dejando atrás a Raquel en la piscina. —Vamos, María. Tenemos que hablar. —susurró Manuel, tratando de mantener la calma mientras guiaba a su esposa hacia la seguridad de su hogar.

El aire fresco de la noche los envolvió a medida que caminaban rápidamente hacia la entrada de la casa. María, aún tensa y emocionalmente agitada, no pudo evitar mirar hacia atrás para asegurarse de que Raquel no los siguiera.

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