Chapter 1: Introduction
La luz de neón del bar proyectaba un cálido resplandor sobre el rostro de Anabel, resaltando sus pómulos altos y sus labios carnosos. Bebió un sorbo de su Cosmopolitan, y el ácido jugo de arándano y la dulzura del vodka se mezclaron perfectamente en su lengua. Frente a ella, Marta estaba en medio de una historia, con los ojos brillantes de diversión.
—Te lo digo, Anabel, es como un truco de magia. ¿Cómo es que le quedan bien los pantalones? —Marta se rió entre dientes, echando la cabeza hacia atrás mientras tomaba un largo sorbo de su copa de martini.
El hielo tintineó contra los lados cuando ella lo bajó, con una sonrisa traviesa aún en sus labios.
Anabel se inclinó hacia delante y sus grandes pechos presionaron contra el frío mármol del mostrador de la cafetería. "Está bien, Marta, me estás matando. Suéltalo".
Marta se inclinó hacia delante y su voz se convirtió en un susurro conspirador. "Bueno, sabes que María está comprometida desde hace un tiempo, ¿verdad?"
Anabel ascendió, su pelo largo y oscuro brillaba bajo las eclécticas luces de la cafetería. "Sí, sí, se va a casar con Manuel.
¿Qué pasa con eso? -preguntó Anabel con curiosidad. Bebió otro sorbo de su bebida, sin apartar la mirada del rostro de Marta.
Marta se lamió los labios, disfrutando de la expectación que estaba generando. "Bueno, ya sabes que las chicas compartimos todo, ¿no? Bueno, María compartió un poco de lo suyo".
Anabel alzó una ceja. "¿En serio? ¿Qué te dijo?"
Marta se acercó aún más y su voz apenas era un susurro. "Me dijo que Manuel está... bien dotado".
Anabel sintió una punzada de emoción. Sus ojos se abrieron de par en par y no pudo evitar soltar una suave risa.
"¿Bien dotado? ¿Qué tan bien dotado?"
Marta llamando, sus ojos brillaban con picardía. "Muy bien dotado, Anabel. Piensa en una Coca-Cola grande. Pero no la versión en miniatura, la versión completa, la que puedes pedir en las tiendas de conveniencia."
Anabel se río entre dientes, su mente ya imaginaba el escenario. "¡Madre mía, Marta! ¡Tú y tus historias!"
Marta se encogió de hombros y tomó otro sorbo de su martini. "No es una historia, Anabel. Es un hecho.
Eso es lo que María me dijo. No puedo mentir, Anabel. —Marta se alzó un poco, emocionada por haber compartido el chisme.
Anabel casi escupió su bebida al responder con una risa. —Pero ¿de cuántos centímetros estamos hablando? ¿Tanto como para que María necesita práctica?
Marta se rió, tapando su boca con la mano mientras se acomodaba en su asiento. —No sé si necesita práctica, pero definitivamente necesitará un buen estiramiento antes de llegar a la meta.
Anabel imaginó la escena y sintió un cosquilleo en su entrepierna. Marta exclamó "35 cm de cipote"
"¿Treinta y cinco centímetros? ¡Dios mío, Marta! No me digas que es cierto".
Marta ascendió, su rostro serio pero con una mirada traviesa en los ojos. "Lo escuché de fuente confiable, Anabel. María no miente sobre esas cosas. Ella estaba tan sorprendida que no pudo dejar de hablar sobre ello durante días".
Anabel se aclaró la garganta y miró alrededor de la cafetería, como si temiera que alguien más pudiera escuchar sus pensamientos más íntimos. "¿Y qué hizo Manuel? ¿Se jactó de ello?"
Marta río suavemente. "No, para nada.
María dice que es un caballero, un tipo muy decente. No se jacta, pero siempre hay ese aire de confianza en él, ¿sabes? Algo que dice, 'Sé lo que tengo y cómo usarlo'". Marta tomó otro sorbo de su martini y dejó que la última palabra flotara en el aire, cargada de implicaciones.
Anabel sintió un calor arrepentido en las mejillas y un cosquilleo en su entrepierna. "Dios mío, Marta.
No puedo dejar de pensar en eso", dijo Anabel, sus ojos brillando con una mezcla de deseo y curiosidad. "Tengo que verlo por mí misma".
Marta sonriendo, sabiendo que había sembrado la semilla del deseo en su amiga. "Entonces, ¿qué vas a hacer?"
Anabel tomó un último sorbo de su Cosmopolitan y dejó que la bebida acalorara su garganta. Se levantó de su asiento, sus grandes pechos resaltando bajo su vestido ajustado.
"Voy a averiguarlo por mí misma. María no sabe lo que tiene."
Marta se río. "Anabel, ten cuidado. No querrás arruinar tu amistad con María."
Anabel se giró y le guiñó un ojo. "No tengo intención de hacerlo. Solo quiero... investigar."
Anabel tomó un último sorbo de su Cosmopolitan y dejó que la bebida acalorara su garganta. Se levantó de su asiento, sus grandes pechos resaltando bajo su vestido ajustado
Marta se rió. Solo quiero..."
Marta la interrumpió, su tono más serio ahora. "¿Vas a seducir a Manuel?"
Anabel se detuvo en seco, sorprendida por la pregunta directa. La cafetería seguía a su alrededor, con su constante murmullo y el tintineo de cucharas contra tazas, pero de repente se sintió como si estuviera en el centro de un silencio absoluto. Su respiración se hizo más profunda mientras procesaba la pregunta.
"¿Seducirlo?
—preguntó Anabel, arqueando una ceja.— ¿Por qué no? A veces la curiosidad mata al gato, pero también puede saciarlo. Ahora dime, ¿qué más sabes? ¿Cómo de grande? ¿Cómo de duro? ¿Cómo de… efectivo?"
Marta sonrió, disfrutando de la descarada curiosidad de su amiga. "No lo sé con exactitud, pero según María, es impresionante. No solo en tamaño, sino en cómo lo usa. Dice que es un experto, que sabe exactamente qué hacer y cómo hacerlo."
Anabel se sentó de nuevo, sus ojos brillaban con una mezcla de curiosidad y deseo. "¿Y ella? ¿Qué dice al respecto?
¿Qué tal María, la pobre? Ella no puede con tanto tamaño… le viene grande, según Marta.
Marta sonrió, tratando de ocultar su risa detrás de la mano. "María dice que es un desafío, pero que vale la pena. Dice que le encanta que Manuel tenga confianza en sí mismo, que sabe cómo usar su... ventaja".
Anabel rió entre dientes, su mente ya imaginando escenas explícitas. "¡Vaya! Parece que Manuel tiene todo para ofrecer. No puedo dejar de pensar en eso".
Marta asintió, sus ojos brillaban con curiosidad. "Sabe cómo satisfacer a una mujer, eso es seguro.
¡No puedo evitarlo! Tengo que tenerlo. Tengo que sentirlo en mí." Anabel se inclinó hacia Marta, sus pechos apenas rozando la mesa mientras sus labios carnosos se acercaban al oído de Marta. "Quiero follármelo. Dios mío, Marta, quiero sentirlo dentro de mí, llenándome, desafiándome".
Marta se estremeció ante la franqueza de Anabel. "Anabel, no sé si es buena idea. María te matará si lo descubre".
Anabel se sentó de nuevo, sus ojos brillando con determinación. "Tengo que hacerlo. Tengo que saber por mí misma. María no es quien para juzgarme".
Anabel levantó su copa, mirando a Marta con una sonrisa traviesa y desafiante en los labios. "Voy a follármelo. Voy a tener a Manuel en mi cama, y voy a saber por mí misma cuánto tiene para ofrecer".
Marta abrió los ojos de par en par, sorprendida por la audacia de su amiga. "¿Estás loca, Anabel? Eso es jugar con fuego".
Anabel se inclinó hacia atrás en su silla, su risa llena de confianza y provocación. "Sí, y me encanta el calor". Su mente ya estaba formando un plan, un plan que la llevaría directamente al lecho de Manuel. "Tengo que verlo por mí misma.