Chapter 13: Latina again
Sophie fue a por el coche que había dejado en la recepción. No quería hacerlo que se sintiera obligado por las palabras de Juan.
"tráeme el coche a las 8 antes de cerrar." Le había dicho y ahora ella lo estaba haciendo obligada.
Se montó en el coche y le dió marcha dió la vuelta a la manzana y entró por la puerta del garaje.
Sophie empezó a notar cómo su cuerpo empezaba a cambiar, "no de nuevo" pensó. Pero la transformación ya había comenzado.
Sophie sintió cómo su cara se ensanchaba, cómo sus ojos se oscurecían, cómo su cabello crecía y se volvía negro y rizado.
Su piel se oscureció y su cuerpo se volvió más curvilíneo. Sus labios se engrosaban y se volvían más sensuales. Sus caderas se ensanchaban y su cintura se estrechaba. Sus pechos se volvieron más grandes y firmes. Se sentía como una mujer completamente diferente, una mujer latina y seductora.
Sophie no podía creer lo que estaba pasando. Se miró en el espejo retrovisor del coche y vio a una mujer morena, de cabello rizado y ojos oscuros, con una figura voluptuosa y un rostro hermoso. Pero lo que más le llamó atención la fue su trasero, ahora más grande y firme que antes, y sus piernas, más largas y esbeltas. Sus curvas eran más pronunciadas y su cintura más estrecha, resaltando su figura femenina.
Y entonces su ropa también cambió junto con ella. La ropa lujosa de Sophie se transformó en la ropa sexy de Maria, que ahora lucía una camiseta ajustada y un short corto que resaltaba sus curvas y mostraba una gran parte de sus nalgas. María miró en el espejo retrovisor del coche y sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal. No podía creer lo que estaba viendo.
Cuando dejo el coche aparcado vio a Juan arreglando el motor de un coche, estaba de espaldas a ella. Necesitaba irse a su habitación lo antes posible antes de que la viera.
Se bajó del coche con cuidado y empezó a irse a su habitación, lamentablemente para ella, Juan la vio. "Hola, María", dijo con una sonrisa en el rostro.
María maldijo para sí, como podía tener tan mala suerte. Miro a Juan sería y siguió caminando hacia la salida.
Juan vio como aquella mujer de alejaba observando su enorme culo. "Que rica estaba aquella mujer", pensó.
A Juan le encantaban las curvas de María y su trasero generoso. Ella era una mujer explosiva, que seguro que sabía cómo complacer a un hombre. El nunca había estado con una mujer así pero su mente viajo a los lugares más cachondos. Quizás podía divertirse un poco con aquella mujer antes de que se fuera.
-María, espera-gritó Juan antes de que ella saliera del garaje.
María se giró y volvió hacia él con una mirada de desafío en sus ojos. Quería marcharse pero ahora que el la había llamado no podía. El continuo sonriendo:
-Tenias que haber entregado el coche antes, has llegado tarde ahora tienes que rellenar el formulario de incidentes.
María se enfado solo quería salir de allí lo antes posible, no sé fiaba de aquel hombre. Una furia salió dentro de ella, no sabía porque pero como María le gustaba discutir.
"¿Realmente tengo que rellenar ese formulario?" -preguntó ella, con una mirada de desafío en sus ojos.
Juan amenazándolo y acercándose. "Lo siento, María, pero sí. Es nuestra política en caso de retrasos con los coches."
María frunció el ceño y cruzó los brazos sobre su pecho. "Bueno, estoy un poco cansada después de mi largo viaje. ¿Podemos hacerlo mañana por la mañana?"
Juan negó con la cabeza. "Lo siento, pero no puedo permitirlo. Además, es mejor que lo hagamos ahora mientras todo está fresco en tu mente".
María suspiró y.
"Está bien, está bien, llenaré el formulario ahora", dijo con resignación. Juan le sorprendió con satisfacción y le entregó el formulario y un bolígrafo.
Ella se sentó en una silla cercana y comenzó a llenarlo, tratando de recordar los detalles del viaje y el retraso.
Juan se metió en la oficina y la dejó rellenando el formulario.
María intentaba rellenarlo lo antes posible para salir de allí. Al menos estaba aliviada de que aquel hombre se hubiera ido. Lo que no sabía es que desde su oficina Juan podía verla.
sin que ella lo supiera.
La veía sentada con aquella ropa tan sexy y ajustada que resaltaba su figura femenina. El cuello de su camiseta estaba estirado, dejando ver los suaves y finos hombros de ella. El escote resaltaba sus enormes tetas
, cubiertas por el fino material de la tela. Juan deseo que ella se inclinará un poco más para verle perfectamente el escote.
María se concentró en el formulario como pudo, pero en realidad no le importaba. Quería salir de allí lo antes posible y no quería tener nada más que ver con Juan.
De pronto se sintió incómodo en la posición en la que estaba, se inclinó hacia delante sin saber porque pero la nueva posición se sentía mucho mejor.
Juan no pudo evitar gemir en silencio al verle las grandes tetas casi colgando de la camiseta, casi tan grandes como el enorme trasero que tenía María.
Juan dentro de la oficina, empezó a notar cómo empezaba a empalmarse.
No podía apartar la mirada de aquella mujer que se había convertido en su fantasía. María, con sus curvas imponentes, le hacía sentir un deseo incontenible. Juan empezó a tocarse, acariciando suavemente su miembro a través de su pantalón. Pero Juan era un hombre de culo y veía a María sentada de aquella manera y aunque tenía una visión perfecta, pensó en cómo se vería su culo en todo su esplendor.
María sin saber porque se volvió a sentir incómoda, intento moverse para buscar una mejor posición pero no la encontraba. Se levantó y vio el capo de un coche, sin saber que el deseo de Juan estaba inundando su mente, dejo el formulario sobre el capó y se inclinó sobre el para seguir rellenando el formulario.
Sin saberlo, en aquella posición de 90 grados dejaba su culo completamente expuesto con su pequeño short
que solo cubría la mitad de sus glúteos. Juan no podía resistirse a aquella visión y dejó salir un gemido mientras su mano aceleraba el ritmo.
Su miembro ya estaba duro y listo, así que rápidamente se lo sacó al aire y lo agarró fuertemente, disfrutando de la sensación de su miembro bajo su mano.
La miraba mientras el se masturbaba, aquel culo perfecto y enorme casi podía ver su clítoris bajo el pantalón cito ajustado de María.
Aquel culo tenía que moverse tan rico.
María estaba a punto de terminar el formulario, una euforia la invadió. Empezó a mover su cadera de un lado a otro por fin podía librarse de aquello.
Juan vio como María empezaba a mover su cadera, se quedó impresionando con los movimientos de aquel enorme culo. Un pensamiento fugaz paso por su cabeza, quería ver más de cerca ese culo, pero sabía que era una locura.
Por suerte para el y mala suerte para María. Fuera de la oficina María que había terminado el formulario y lo iba a dejar allí para salir lo antes posible del garaje sintió la necesidad de entregárselo a Juan directamente. No sabía de dónde venía aquel pensamiento pero no podía evitar que sus piernas se movieran hacia la oficina donde estaba Juan.
Juan vio a María acercarse y no pudo evitar sentir una oleada de excitación. Pero rápidamente antes de que María entrara a su oficina se guardo su miembro en sus pantalones lo más rápido posible. María entró a la oficina de Juan, un lugar sucio con olor a cigarrillos y un sillón desgastado. Los papeles estaban por todas partes y los respaldos de las sillas estaban cubiertos de polvo.
Juan estaba sentado detrás del escritorio. La miraba con lujuria a María le asqueó se acercó al escritorio y dejó el formulario allí, pero cuando lo hizo una de las hojas se le cayó. Su cuerpo le había fallado en el último momento. Se dio la vuelta y fue a recogerla pero si cuerpo no respondió cómo ella quiso, inclinándose sin doblar las rodillas.
Juan vio el culo de María en todo su esplendor. "Oh dios mío, que rica está", pensó. Y notó como su polla le apretaba el pantalón.
María se levantó y puso la página caer en el escritorio. Fue a dársela la vuelta para irse de allí, pero Juan le habló:
-Siéntate -le dijo señalando el sillón desgastado.
Ella no podía decir que no, así que se sentó. Sabía que aquel hombre la tenía a su merced tendría que buscar alguna forma de salir de allí antes de que la cosa empeorara.
Juan cogió el formulario y empezó a revisarlo por encima. Aunque su mente estaba en aquella mujer.
El espejo de nuevo estaba sentado con los brazos cruzados. Su ropa dejaba ver un montón de carne andante y su trasero estaba a la vista.
"La verdad es que viste como una prostituta" pensó Juan. Y seguí mirando el formulario a ver si todo estaba correcto.
María intentaba pensar en un plan para irse de allí. De pronto vio detrás de Juan el bote de propinas con un montón de billetes. Sin saber que el último pensamiento de Juan le había afectado, sintió una enorme necesidad de conseguir aquel dinero.
María se levantó como hipnotizada caminando lentamente hacia el bote.
El deseo de conseguir el dinero era más fuerte que ella. Juan seguía revisando el formulario, pero un ruido llamó su atención. Se giró y vio a María agachada frente al bote de propinas, con las manos dentro del dinero.
-Maria, ¿que haces?- preguntó con voz ronca.
María se sobresaltó al oír la voz de Juan, pero no pudo quitar la mano del dinero.
El deseo de la obtener era más fuerte que ella.
"Quiero el dinero Juan" dijo María con voz temblorosa, su mano cerrada en un puño con los billetes dentro. Juan levantó una ceja y se cruzó de brazos. "¿De verdad lo quieres?" preguntó, con una sonrisa traviesa en el rostro.
María sintió un escalofrío recorrer su espalda. No sabía por qué había dicho eso, pero ahora que lo había dicho, no podía retroceder.
"Sí, lo quiero".
Juan levantó una ceja y sonriendo.
"Veamos que puedes hacer para que te lo dé", dijo Juan.
Juan empezó a tocarle el culo a María sin decir una palabra. María estaba sorprendida y no sabía cómo reaccionar, pero al mismo tiempo se sentía excitada por el tacto de Juan. Él la tocaba con fuerza. Pero María quería más, así que se inclinó un poco más hacia delante, dándole a Juan una mejor vista de su trasero. Él no pudo resistirse y empezó a tocarle el culo con más fuerza, acariciándolo y apretándolo suavemente. María gemía suavemente y se movía hacia atrás y hacia adelante, disfrutando del placer que le daba Juan.
Juan cogió dinero del bote de propinas y se lo puso en el escote de María, que no pudo evitar sonreír al sentir el tacto de los billetes en su piel. Ella se inclinó hacia delante para recogerlos y dejó que Juan contemplara su escote. Él no pudo resistirse y se acercó para besarle los hombros, deslizando su lengua por su piel. María cerró los ojos y disfrutó del tacto de los labios de Juan en su piel.
Sus manos se aferraron al escritorio, deseando que Juan le tocara más. Pero él no se precipitó. Continuó besando suavemente su cuello y hombros, sintiendo el calor de su cuerpo debajo de su ropa. María podía sentir la erección de Juan contra su cadera y sabía lo que quería.
Juan metió su mano bajo la camiseta de María y acarició suavemente su abdomen.
María se levantó y se agarró al escritorio para sostenerse, sintiendo el poder de la excitación que le estaba provocando a Juan. Ella no quería hacerlo, pero el deseo de su cuerpo era más fuerte que el de su mente.
Juan agarró sus caderas desde atrás y le quitó el pantalón corto dejando una vista perfecta de su culo y su coño.
María tenía el coño perfectamente depilado y su culo era enorme. Juan deseaba follárselo sin cesar. Y sabía que ella también deseaba lo mismo.
Juan empezó a chupetear sus nalgas mientras María gemía. Empezó a acariciar su coño jugando con su clítoris, haciendo que María se empezara a mover más rápidamente.
María no podía creer a la situación que habían llegado pero ahí estaba sabía, que los deseos de Juan entraban en su mente y era imposible evitarlo.
Juan veía el culo en pompa de María sin creerse lo que estaba pasando. Nunca había estado con una mujer así. Mientras restregaba su clítoris vio su año tan perfecto, deseaba meter la polla allí.
María sentía que tenía que restregar su coño contra Juan, pensamientos del dinero que ganaría vinieron a su mente estaba actuando como lo que Juan quería una puta. Sintió su año palpitar algo que no había sentido nunca.
En un acto para comprender lo que estaba pasando su mano hasta su año para comprobar que todo estaba bien. Metió un dedo pero su año sucedió perfectamente y pudo metro hasta tres. Se sintió tan rico seguido urgando olvidándose por un momento que Juan la observaba desde atrás.
Él no podía creer como aquella chica se tocaba su culo, agrandándose el agujero mientras le tocaba el clítoris, se sacaba la polla erecta del pantalón.
María estaba tan absorta en su propio placer que no se dio cuenta de que Juan se había acercado detrás de ella. De repente, sintió algo caliente y duro acercándose a su culo. Juan estaba agarrando su enorme miembro y acercándolo al agujero de María. No sabía si quería que Juan hiciera eso, pero su cuerpo le decía lo contrario. Sintió cómo el glande de Juan tocaba su agujero y empujaba suavemente. María gemía y se movía hacia atrás, permitiendo que Juan entrara en ella.
María se arqueó más, cerrando los ojos en placer mientras Juan la penetraba por detrás. Él agarraba sus caderas con fuerza a medida que aumentaba el ritmo, haciendo que María gritara y jadeara de placer. Su orgasmo fue intenso y prolongado, sacudiendo todo su cuerpo mientras Juan continuaba embistiéndola sin cesar. Pero entonces, Juan comenzó a sentir su propio clímax, y con un gemido gutural, se corrió dentro de María. Sus piernas flaquearon mientras se derrumbaba sobre ella, jadeando y tratando de recuperar el aliento.
María se sintió extrañamente vacía en cuanto Juan se corrió, pero aún así disfrutó del sentimiento de estar llena. Él se apartó de ella y ella se volteó para mirarlo, sintiendo una mezcla de vergüenza y satisfacción en su rostro. Él sonoro y acarició su mejilla, antes de ponerse de pie y ajustarse los pantalones.
Cuando finalmente terminó, María se desplomó sobre el escritorio, exhausta y llena de placer.
Juan se sentó en el sillón sin pantalones, exhausto. Sintiéndose increíble tras estar con aquella chica perfecta.
María recuperó el control de su cuerpo, maldiciendo al genio por lo que había pasado.
Se sentía sucia y usada, pero sobre todo, enojada. No quería ser una mujer y mucho menos estar a merced de los deseos de Juan. Odiaba que él tuviera el control sobre su cuerpo y que la hubiera tratado como a una puta. Sin embargo, no podía negar que el sexo había sido increíblemente placentero, lo que la hacía sentir aún más culpable. Se volvió a poner el pantalón para salir de allí.
Miró a Juan sentado en el sillón y sin pantalones aquel hombre le daba asco. Tenía los ojos cerrados y respiraba profundamente.
María sin poder evitarlo se puso el dinero en el bolsillo. Y empezó a caminar hacia la salida.
Pero antes de que pudiera salir de allí, Juan abrió los ojos y la miró. Estaba exhausto después de correrse pero veía a aquella mujer perfecta con sus exuberantes curvas, y el enorme escote que no podía dejarla marchar todavía.
Le parecía con picardía y se dió palmadas en las piernas como señal de que se sentará.
María lo miró, sintió asco en su interior pero solo pudo obedecer sus indicaciones se sentó sobre las piernas de Juan mirando hacia él. Era tan pequeña que aún así sus ojos quedaban un poco más abajo que los de el.
Él le miró las tetas y empezó a tocarlas como si se tratara de un regalo. María notó su aliento a cigarro, quería salir de allí pero en cambio si boca dijo:
-Oh sí papi.
Tócalas, tócalas mucho más -maria sorprendida por lo que estaba diciendo no podía creer que sus labios hablaran sin su consentimiento.
Juan alarmantemente y empezó a acariciar con más fuerza, sacando las tetas de María por encima de la camisa.
Le agarró con fuerza los pezones y los presionados, haciendo que María soltara un gemido.
Ella intentó aguantar el orgasmo pero fue imposible, sus labios se movieron solos y le dijo cosas como:
-Oh si Juan, así está mejor. Sigue por favor, sigue. Sigue tocándolas, así, mucho más fuerte -repitió María, sin poder controlar sus propias palabras.
No lo estaba disfrutando como cuando había sido otras mujeres. Se dio cuenta de que Juan había deseado que fuera ua prostituta y eso era lo que era ahora, una mujer que hacía las cosas por dinero. No podía evitarlo, le sonó a Juan y le mostró una sonrisa encantadora.
Él empezó a lamerle las tetas:
-Te gusta esto nena -le dijo. Fueron esas palabras las que cambiaron su estado, de pronto empezó a gustarle, notó como sus pezones se endurecían.
Y ella respondió sin poder controlar su cuerpo:
-Oh sí, Juan, sí.
Juan entusiasmado y siguió lamiendo y tocando sus tetas y María gemía sin cesar.
Sus pezones estaban duros y sensibles, y cada lamida y toque de Juan la hacía sentir una oleada de placer. Ella no podía controlar su cuerpo, era como si estuviera siendo poseída por un deseo incontenible.
María se frotaba las tetas contra la cara de Juan, sintiendo la barba raspando su piel. Siguió emitiendo gemidos y susurros suplicantes, pidiéndole más a Juan. Él continuó tocándole y lamiendo sus senos con pasión, pero María notó algo extraño. Sintió como Juan se movía un poco, y luego notó que su miembro volvía a aguantar entre sus nalgas. ¡María no podía creerlo! ¡Juan ya se había corrido, pero ahora volvía a estar excitado!
Juan la agarró de las caderas y empezó. A empujarla en el sillón para que se pusiera de rodillas frente a él. María estaba confundida pero no pudo hacer nada más que obedecerle. Juan sacó su miembro y lo puso delante de la boca de María. Estaba duro y parado en todo su esplendor.
María no podía creer la situación en la que se encontraba, solo habían pasado unas horas desde que había llegado a aquel garaje y ya estaba teniendo sexo con aquel hombre que le daba asco.
Su mente le decía que se detuviera, que se alejara de él y dejara de ser la mujer que él deseaba. Pero su cuerpo no le obedecía, era como si estuviera poseída por un deseo incontenible.
Juan tenía la polla en la boca de María, ella no sabía cómo había llegado a esa situación pero no podía resistirse.
Sus labios se movían sin control propio y sentían los gemidos de Juan cada vez más jadeantes. Él agarraba su cabeza con fuerza y la empujaba más hacia abajo, obligándola a tomar más de su miembro en su boca. María no pudo evitar gemir al sentirlo en su boca, y su cuerpo reaccionó instintivamente, moviéndose hacia arriba y hacia abajo sobre su miembro. Sus manos se posaron sobre las caderas de Juan, ajena a la situación en la que se encontraba pero aún así disfrutándolo.
El gemía cada vez más fuerte, sintiendo cómo su miembro se hundía más profundo en la boca de María.
Esperaba que esta última pudiera sentir lo mismo que él, pero no sabía si era así.
Con este deseo María empezó a sentir su clítoris de la misma manera que Juan sentía su polla.
Sentía como el placer se hinchaba y crecía entre sus piernas.
María quería complacer a Juan, aunque no sabía por qué. Sus pensamientos estaban confusos y ella no podía controlar su cuerpo.
Con cada empuje de Juan en su boca, María sintió más placer. Sus caderas se movían sin cesar, buscando más y más contacto con el miembro de Juan.
El éxtasis fue creciendo en ella, hasta que finalmente explotó en un orgasmo intenso y potente. Sus espasmos sacudieron su cuerpo mientras seguía chupando a Juan con más ansia. Él gimió con fuerza y se corrió en su boca, llenándola con su semen.
María retiró la polla de su boca y se levantó, lamiéndose los labios y sintiendo el sabor amargo de su semen.
Se sintió utilizado otra vez pero no podía hacer nada para cambiarlo. Su cuerpo era propiedad de Juan hasta que el genio así lo decidió. Él se enderezó en el sillón y se ajustó los pantalones, con una sonrisa en el rostro.
-Eres una putita, ¿sabes?- le dijo con una risa burlona.
María simplemente asintió, sin fuerzas para decir nada.
Ella reconoció su bolso y caminó hacia la puerta, sintiendo la mirada de Juan sobre ella todo el tiempo. Antes de salir, miró por encima del hombro y lo vio aún sentado en el sillón, con una sonrisa burlona en el rostro.
No pudo evitar sentirse incómoda y avergonzada, pero a la vez, también se sintió aliviada de haber terminado con todo aquello. Sin decir una palabra, salió del garaje y cerró la puerta detrás de ella con un golpe sordo. Su mente estaba en blanco, y sus piernas temblaban ligeramente al caminar hacia el hotel.