Chapter 9: La chica caliente
Y así lo hizo, girando sus hombros y volviendo a caminar hacia el garaje con determinación.
Entro en el garaje y se dirigió a las taquillas donde estaría la llave de su coche alquilado . Sin embargo, al llegar a la taquilla que le habían indicado, se encontró con que esta estaba rota y no podía sacar la llave.
-Maldición-, murmuró entre dientes. Y empezó a forzar la taquilla con sus manos. Pero la taquilla no se movía, así que Sophie gritó de frustración.
Ella no tenía tiempo para esto, necesitaba alquilar un coche y llegar a la biblioteca lo antes posible. En su enojo, Sophie comenzó a dar golpes a la taquilla con sus puños, cada vez más fuerte. Los golpes atrajeron la atención de Juan, el hombre español de cuarenta años asqueroso, gordo y feo que trabajaba en el mantenimiento del hotel.
Sophie estaba tan distraida golpeando la taquilla que no se dió cuenta que su cuerpo empezaba a cambiar . Su cabello se volvió más oscuro y rizado, su piel más morena y sus ojos más grandes y expresivos. Sus labios se hicieron más carnosos y su cuerpo más voluptuoso. En un instante perdió muchísima altura. Cuando Sophie miró hacia abajo, vio que su cuerpo había cambiado por completo. Ahora era una mujer morena y hermosa, con curvas exuberantes y una sensualidad innata.
El cambio en su cuerpo se hizo muy evidente, especialmente en su culo. Cuando Sophie miró hacia atrás, vio que el culo de Maria era mucho más grande y voluptuoso que el suyo. Ella se horrorizó al verlo. Su cuerpo se había transformado en el de una mujer morena y hermosa, con curvas exuberantes y una sensualidad innata. Pero lo que más la sorprendió fue su atuendo: sus pantalones de lujo habían sido reemplazados por un panti corto que mostraba la mitad de sus voluptuosas nalgas. Su blusa también había cambiado, ahora era una blusa transparente y provocativa que dejaba ver su sostén y su abdomen plano.
Su culo era enorme y prominente, y sus curvas estaban más desarrolladas que las de Sophie. Maria se miró a sí misma en el reflejo de un coche cercano y vio una mujer latina hermosa con piel morena, ojos marrones, cabello negro largo y ondulado, y una figura voluptuosa en un atuendo provocativo y sexy.
Esa fue la mujer que encontró Juan en el garaje. Cuando se acercaba a ella, Maria se sentía avergonzada y desconcertada. Los deseos del genio la había vuelto a transformar.
Como podía estar pasándole esto a ella
, se preguntaba Maria. Cabreada, empezo a darle golpes a la taquilla para intentar abrirla.
Juan, el hombre de mantenimiento, la interrumpió con una voz bronca y autoritaria:
-¡Mujer! ¡Deja de dar golpes a esa taquilla y dejame ver que pasa! -gritó Juan con una voz ronca y chulesca.
Maria no quería hablar con él. Solo quería solucionar su problema y salir de allí antes de que las cosas empeoraran.
A Juan le gustaba ver a aquella mujer con una furia latina.
Su cuerpo ondulaba con cada golpe que daba a la taquilla, y su trasero voluptuoso se movía de manera provocativa.
Juan, el hombre de mantenimiento, la interrumpió con una voz bronca y autoritaria:
-¡Mujer!
María no quería hablar con él. Pero Juan no parecía dispuesto a dejarla sola. Se acercó más a ella y repitió su orden con más fuerza:
-¡Te dije que pares! ¡Déjame ayudarte! -exclamó Juan, y sin esperar una respuesta, tomó el lugar de María frente a la taquilla. Su presencia imponente y sus gruesos brazos causaron que María se detuviera en seco y retrocediera un paso. Él la miró fijamente con ojos de reto, dejando claro quién era el que mandaba allí.
María miró a Juan, el hombre era bajo pero ella lo miraba desde abajo, su altura había cambiado volviéndola muy pequeña. Ahora medía 1,5 de altura que resaltaba sus exuberantes curvas.
-No necesito tu ayuda, gracias -murmuró María, tratando de mantener la calma mientras sus manos temblaban de ira y frustración. Ella no quería ser sumisa a este hombre asqueroso y grosero, pero él parecía decidido a imponerse en la situación.
Juan vio el enfado en los ojos de María y sonrió, disfrutando de su poder sobre la situación. Él le dio un golpecito a la taquilla con su mano gruesa, dejando claro que podía abrirla sin problemas.
-Lo siento, lo siento mucho -dijo María, bajando la mirada y sintiéndose sumisa frente a aquel hombre. Juan asintió con la cabeza y abrió la taquilla sin ningún problema, sacando la llave del coche alquilado.
-Aquí tienes, preciosa -dijo, tendiéndole la llave a María con una sonrisa pícara en el rostro.
María sintió un escalofrío recorrer su espalda al escuchar aquellas palabras, pero no dijo nada. Simplemente tomó la llave y se dirigió hacia el coche que había alquilado.
María fue en el coche y se metió en el asiento del conductor. Pero, cuando intentó configurar el coche, se dio cuenta de que ahora solo podía entender español.
-¿Qué demonios está pasando? -dijo en español, entendió que al transformarse en María ya no podía hablar ni entender inglés. No podía entender el idioma de la pantalla del coche.
María se sentía frustrada y enfurecida. ¿Cómo había sido posible que el genio la hubiera transformado en una mujer latina de piel morena y curvas voluptuosas? Y encima, ¿por qué solo podía entender español ahora?
Mientras tanto, Juan se acercó más a María y le ofreció su ayuda. Ella se negó al principio, pero luego aceptó, ya que no tenía otra opción.
Él le mostró los botones del coche en español y ella hizo lo mejor que pudo para entenderlo. Después de configurar el coche, Juan le dijo:
-Tienes que entregar el coche mañana.
Ella no le dió importancia y empezó a conducir a la biblioteca dejando por fin a aquel hombre en el garaje. Sintiéndose mejor por lo que podía haber pasado.
María condujo por la ciudad, pero sus pensamientos estaban perdidos en lo que había sucedido en el garaje. Se sentía confundida y asustada por su nueva apariencia y por el hecho de que solo podía entender español. Pronto llegaría a la biblioteca y enmendaría su problema.
Paro el coche, pensó que había llegado a su destino, se bajó pero al mirar estaba en las puertas del hotel.
Dio un gemido de frustración, sin entender nada, sus piernas empezaron a moverse por si solas.
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